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Desde su nacimiento, las raves siempre estuvieron asociadas a "las pastillas"

Noche trágica en la fiesta "Time Warp" de Costa Salguero. El origen de las fiestas significó el desembarco del éxtasis. Un psiquiatra rosarino convoca a una mirada más consciente frente a las drogas. 

Domingo 17 de Abril de 2016

Varios colectivos y autos particulares partieron de Rosario el viernes transportando a jóvenes a la fiesta en Costa Salguero. Hasta anoche no existía noticia de algún chico rosarino indispuesto o lesionado, víctima de las pastillas sintéticas distribuidas en el gran festejo. Los vehículos que los llevaron fueron en los que retornaron ayer a la mañana.

   La a la postre desdichada fiesta “Time Warp”, organizada por la misma empresa que cada año convoca a la multitudinaria e histórica “Creamfields” en el autódromo Oscar Gálvez (Dell Producciones SA), figuraba en el calendario nacional de las raves desde hace meses. Por eso la concurrencia de jóvenes y adolescentes de otros lugares, a Buenos Aires, producida el viernes.

   La ligazón de las fiestas electrónicas con las pastillas (o el éxtasis) lleva una década y media en el país. Las primeras convocatorias que se armaron (como aquí en Rosario se hicieron en el hipódromo) fueron directamente eso: un banco de pruebas de los comercializadores de las drogas “de diseño” para introducirlas en el público juvenil. Y vaya si lo hicieron. Fue en la época en que aparecieron en las discos las botellitas de agua mineral, que cotizaban más que los porrones: el éxtasis provoca deshidratación y sequedad de mucosas y genera muchísima sed.

   Hoy en día, en los recreos de los colegios porteños es una inocentada suponer que algún varón va a ir a una fiesta electro y se resistirá a consumir aunque sea una pepa. El listado de los muertos y de los heridos en coma graves incluye nada más que a varones. No decimos que las chicas no consuman; decimos que entre los hombrecitos hay hasta una especie de torneo por quien logra tragarse “la mejor”.

   No es azar que desde ayer se sepa el nombre de “la Superman”, o que en las redes de Whatsapp los concurrentes se hayan estado alertando de una pastilla “berreta” que los dealers estaban distribuyendo y que hacía estragos en el organismo.

   La tragedia de Buenos Aires le puede dar el pie (o la excusa) a muchos padres para que hagan la pregunta que, temerosos de su progenie, han estado eludiendo: “Hijo, a vos que te gustan las fiestas electrónicas, ¿consumís o no? ¿Podemos hablar un poquito del tema?”

   El consumo, el consumo que tenemos cerca, es el tema sobre el que ayer a la tarde prefirió reflexionar el psiquiatra rosarino Ernesto Rathge frente a La Capital: “Todo el mundo soslaya la responsabilidad de las familias en un colectivo ciudadano que no termina de entender que el tema de las drogas es grave, diría gravísimo”, dijo el profesional, que ilustró: “Cuando la gente habla de droga se refiere nada más que de los dealers y traficantes; como si fueran algo ajeno, un mundo aparte”.

   Para Rathge, ya hay una suerte de “banalización” que arranca “cuando lo medios y gran parte de la población toma a la marihuana como inocua. ¡No! ¡La marihuana hace daño y es la puerta de consumo a drogas más pesadas, y así hay que entenderlo y transmitirlo!”, observó el especialista.

   La mirada del psiquiatra quiso apartarse de las responsabilidades que les caben y las acusaciones que surgen hacia los Estados —adonde suele patearse la pelota— para llamar en cambio a una conciencia introspectiva en los hogares. “Porque los dramas mayores se terminan librando ahí, y es ahí donde todo el mundo entiende que no sale solo del problema”.

   Rathge señaló: “Un razonamiento primario indica que la mayoría de los chicos que van a una fiesta como la de Costa Salguero son subvencionados por sus padres. La plata que llevan en el bolsillo es dinero entregado por papá o mamá; entonces, las familias, ¿se pueden desentender?”

   “La gente llora y llora tarde”, concluyó el médico, que redondeó: “No quiero ser alarmista ni opinar sobre lo de Costa Salguero como algo extraordinario cuando ya tuvimos varios antecedentes, como un chico atropellado por un auto a la salida de una fiesta porque estaba ’dado vuelta’ u otro pibe internado tres días en terapia intensiva por intoxicación. Digo que, para mí, es una calamidad lo que está ocurriendo y que hacernos cargo sería un paso adelante en nuestra existencia como ciudadanos”.

Celebraciones y devotos. Así como salieron de Rosario autos a Buenos Aires el viernes, cabe la mención, por tratarse de la zona, de la atracción que despierta una de las fiestas electrónicas que ya se erige como una de la mayores del país: la “White Boutique Party” que cada mes de enero se celebra en la localidad bonaerense de Ramallo, pegada a San Nicolás de los Arroyos.

   Aquí si, son centenares y quizá miles de rosarinos los que copan hasta las cabañas de Ramallo para esa gran fiesta anual.

   Cumplida la octava edición el 16 de enero pasado, con la presencia en el escenario de Miss Bolivia, Maxi Trusso, DJ Dero, Alejandro Pont Lezica y Calu Rivero, entre otros famosos DJ’s, la fiesta de Ramallo está instalada en el calendario de las raves como uno de los eventos sociales más importantes del país. Es producida por la agencia D-Light.

   Sin juicios de valor ni la intención de arrojar sombras, la “White Boutique Party” convoca a cerca de 20 mil almas cada año, que van vestidas de blanco, se preparan desde temprano para presenciar hasta los vuelos rasantes de aviones al amanecer.
  Este año no pudo realizarse a la orilla del Paraná debido a la creciente del río pero fue un éxito igual. La fiesta se desarrolló en el estacionamiento del paseo Viva el Río, que incluso otorgó un mayor espacio.

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