Australia está sufriendo las peores inundaciones en más de 50 años. El noreste del país está bajo agua y, a pesar de que las lluvias comienzan a remitir, el desagüe de los ríos al mar anegan una región de un millón de kilómetros cuadrados, sobre los cuales el gobierno ha declarado la emergencia.-
Hasta ahora, se presume que han muerto unas ocho personas por el fenómeno. Entre las más afectadas está la ciudad de Rockhampton, en la costa este, que ayer quedó prácticamente aislada.
Los meteorólogos anunciaron para hoy tormentas con vientos fuertes y abundantes precipitaciones en el estado de Queensland.
Las fuertes lluvias obligaron ayer a cortar las principales carreteras de acceso a Rockhampton, de 75.000 habitantes. El sábado ya se habían cerrado el aeropuerto y la estación de tren de la ciudad.
Según el alcalde de la ciudad, Brad Carter, sus conciudadanos viven una lucha contrarreloj después de que el río Fitzroy se desbordara e inundara las carreteras que conectan la población con el norte y el sur. Unas 400 viviendas podrían haber resultado afectadas. Medio centenar de voluntarios llenaron 2.000 sacos de arena para contener el avance del agua.
Además, una veintena de ciudades del estado de Queensland se encuentran aisladas debido a unas inundaciones que han costado la vida al menos a ocho personas, entre ellos una mujer de 41 años cuyo coche fue arrastrado por la corriente.
El viceprimer ministro de Queensland, Andrew Fraser, ha descrito la situación como un "desastre de dimensiones bíblicas".
Unas 200.000 personas se han visto afectadas por las inundaciones. La mayor parte de los damnificados se trasladaron temporalmente a casas de amigos o familiares. Las pérdidas podrían ascender a mil millones de dólares australianos (unos 765 millones de euros).
En algunos municipios, como Bundaberg, Emerald o Theodore, lo peor ha pasado, aunque todavía habrá que esperar unos días hasta que sus habitantes puedan volver a ellos. En parte, los causantes de las inundaciones son el ciclón Tasha y el fenómeno meteorológico La Niña.
Aislados. En el histórico hotel Fitzroy, en la australiana Rockhampton, el agua subía ayer por los escalones, pero el propietario Tony Higgings estaba preparado. Aunque esta ciudad de la costa este tuviera que ser cerrada debido a las ingentes lluvias, él tiene almacenadas provisiones y sigue sirviendo cerveza.
"Rocky", como sus 75.000 habitantes llaman cariñosamente a la ciudad, fue declarada en estado de alarma. "La situación es grave", advirtió el alcalde, Brad Carter. "La autopista dirección norte aún estaba abierta para quienes quisieran salir de la ciudad, pero el resto de las comunicaciones fueron cerradas. El aeropuerto, la estación de tren y otras carreteras están inundadas. En algunos lugares, el nivel del agua se eleva medio metro.
El río Fitzroy, anegó el 40 por ciento de la ciudad. Quienes en el hotel Fitzroy hacen una pausa de las tareas de rescate discuten sobre la catástrofe, tratando de averiguar si supera el nivel de las inundaciones de 1918 y 1954. (DPA, AP y Reuters)
Golpe económico
La primera ministra australiana, Julia Gillard, indicó que el sector minero, uno de los motores de la economía del país, se ha visto fuertemente golpeado por las inundaciones, y agregó que varias compañías recurrieron a cláusulas de fuerza mayor para no cumplir con sus compromisos. Grupos mineros como BHP Billiton y Rio Tinto hablan de un desastre “muy violento”