Hace 140 años, un primero de mayo de 1886 se llevó a cabo una huelga que culminó en un violento ataque policial y la subsecuente condena de trabajadores en Estados Unidos, suceso que pasó a la historia como la masacre de los Mártires de Chicago. Los empleados de la planta McCormick —una importante productora de maquinaria agrícola— exigían la reducción de la jornada laboral a ocho horas en una época en la que era frecuente trabajar unas catorce.
En ese primero de mayo la reacción de la policía fue temeraria y tuvo un efecto contrario al que se esperaba. En lugar de desalentarlos, la represión llevó a que, durante los tres días siguientes, los huelguistas se manifestaran en las calles enfrentándose a las fuerzas del orden. El 4 de mayo, en Haymarket, cerca de la gran fábrica de Chicago, detonó un explosivo que la policía atribuyó sin pruebas a los manifestantes, utilizándolo como pretexto para juzgar a 31 trabajadores, de los cuales ocho recibieron sentencias condenatorias definitivas.
Samuel Fielden, Michael Schwab y Oscar Neebe fueron condenados a cadena perpetua y trabajos forzados, aunque en 1893 fueron indultados. Sin embargo, Adolph Fischer, Albert Parsons, George Engel, August Vincent Theodore Spies y Louis Lingg fueron sentenciados a muerte el 11 de noviembre del mismo año. La injusticia de estos eventos provocó profunda indignación entre las y los trabajadores, así como en partidos y sindicatos alrededor del mundo, quienes presenciaron con horror las repercusiones por exigir condiciones laborales básicas.
Tres años después de esos acontecimientos la fecha fue establecida como día de conmemoración y protesta por la Segunda Internacional en París, reivindicando derechos laborales, dentro de los cuales el más importante era la misma demanda que condujo a la condena y ejecución de esos “mártires”: la jornada laboral de ocho horas. En 1890, el Primero de Mayo se celebró por primera vez, inicialmente concebido como un evento único, pero que rápidamente se convirtió en una conmemoración anual ininterrumpida hasta la actualidad y con un alcance global. El Primero de Mayo es la única fecha secular —no religiosa— de alcance mundial que se celebra en la mayoría de las naciones, a excepción notable de Estados Unidos, donde tuvieron lugar los eventos que dieron origen a esta efeméride.
La relevancia de esta conmemoración se vuelve notoria al observar las disputas por sus significados y representaciones que han sido objeto de conflicto entre varios sectores, no únicamente entre obreros y corrientes de izquierda. Para unos, es un día luctuoso y de memoria, mientras que para otros es motivo de celebración. Sectores patronales, religiosos y el propio Estado se han disputado su sentido y monopolio. De esta manera, el Primero de Mayo se erigió en una de las fechas más importantes a nivel mundial y Argentina no fue la excepción.
Rosario estuvo entre las pocas ciudades que por entonces pudieron concurrir al llamado de 1890, junto con Buenos Aires, Chivilcoy y Bahía Blanca. Un grupo de trabajadores respondió a la convocatoria que había sido enviada desde Buenos Aires el 30 de marzo de 1890 instando a los obreros de todo el país a respaldar la solicitud de leyes que protejan sus derechos ante el Congreso Nacional, además de organizar eventos para la celebración del Primero de Mayo en sus comunidades. Este grupo local, que se describía como “un conjunto de trabajadores reunidos”, hacía un llamado el 26 de abril para que los proletarios de la ciudad se unieran en la conmemoración del Primero de Mayo. Para realizar la convocatoria a la fecha en memoria a los “Mártires de Chicago” emitieron un comunicado que el diario El Municipio reprodujo:
"1°. Adherimos con nuestros esfuerzos morales y materiales al congreso obrero internacional de París, para engrosar las filas de trabajadores reunidos del universo.
".2° Para que el día 1° de Mayo sea solemnizado con el más levantado propósito y nos traiga un resultado práctico, llamamos a todos los trabajadores sin distinciones para tan importante fiesta.
"3°. La reunión para la manifestación tendrá lugar en la plaza López a las 11 am para salir una vez reunidos a la 1 pm en manifestación, que recorrerá las calles siguientes. Saldrá la manifestación de la plaza López por Buenos Aires hasta la plaza 25 de mayo dando la vuelta por la misma, entrará por Comercio hasta Rioja, de esta doblará por Moreno, de Moreno a Salta, de Salta a la Plata, de esta a las Cadenas y de aquí a la quinta Huttelman, donde estará preparada para recibir a los manifestantes.
"4°. El local indicado es un punto espacioso para contener algunos centenares de compañeros, y como también se podrán pronunciar algunos discursos de actualidad, esperamos que no faltareis a la cita porque depende de nosotros traer el adelanto a nuestras mismas necesidades, y para conseguirlo es necesario unirnos como un solo hombre, en nombre de la solidaridad humana, y gritar en ese día como gritará con su potente voz toda la gran masa obrera universal:
"¡Viva el 1° de mayo!
"¡Viva la fraternidad obrera universal!
"La Comisión Internacional".
A diferencia de la convocatoria porteña, que estipulaba una concentración en el Prado Español, o en caso de lluvia en el local socialista Vorwärts, en Rosario no había interés de concentrar, sino de marchar, sin plan alternativo en caso de inclemencia climática. El recorrido iría desde la plaza López hacía la barriada obrera periférica en las faldas de la Refinería Argentina de Azúcar, allende al Paso de las Cadenas, un amplio cruce ferroviario que oficiaba como frontera entre el casco urbano y la zona industrial proletaria. Luego de los casi cinco kilómetros recorridos tomarían la palabra diversos oradores para un público que ya estipulaban en varios centenares, tal como la elección de la amplia quinta Huttelman indicaba en la convocatoria de los días previos.
Sin embargo, la intensa lluvia de aquella madruga imposibilitó sostener el plan original y forzó la realización de otro alternativo ante la cantidad de calles anegadas y los lodazales que revestían los adoquines y macadam de la ciudad. No obstante, a las once de la mañana, tal como se había convenido, alrededor de 800 obreros se reunieron en la plaza López custodiados únicamente por seis bomberos a caballo. La ruta debió acortarse, pero la marcha sostuvo su paso por la plaza 25 de Mayo para concluir en un terreno céntrico en la intersección de las calles Entre Ríos y Urquiza. La cantidad de manifestantes fue bastante notable si se considera que en 1887 la ciudad tenía una población de 50.914 habitantes. La movilización fue precedida por estandartes de color negro y rojo, entre los cuales uno decía “1° de Mayo-Fraternidad Obrera Universal”, mientras se lanzaban vítores a la “unión fraternal”, a los “trabajadores del mundo y al Primero de Mayo”.
Por su parte, el intendente Agustín Mazza instruyó a los bomberos y a los guardias de la prisión a estar armados con sus Remington en las cercanías de la plaza municipal, lo cual sugiere que las y los trabajadores marcharon de manera desafiante y no se dejaron intimidar, hecho que se interpretó como una provocación hacia las autoridades. Se trataba de consignas de carácter internacionalista, paganas y subversivas marchando frente a las instituciones nacionales, religiosas y del orden. Al llegar al final del recorrido alternativo varios obreros oficiaron como oradores en un poliglota acto coral donde circularon discursos en francés, alemán, italiano y español. Esto evento constituía, a los ojos del historiador rosarino Ricardo Falcón, el acta de nacimiento del movimiento obrero en Rosario.
El grado de activación y efervescencia que aquello generó entre las y los trabajadores de la ciudad posibilitó el surgimiento de los primeros intentos por organizar centrales y federaciones obreras que nuclearan a los proletarios de la ciudad. La intensa crisis de aquel 1890 y sus duraderos efectos durante un lustro dieron por tierra con tales proyectos, los cuales debieron esperar hasta finales de la década —y del siglo— para concretarse. Pero lo hicieron; para inicios del siglo XX Rosario comenzaba a ser conocida como la “Barcelona Argentina”, mote que si bien remitía al peso del anarquismo entre los obreros, ponía en evidencia que se trataba de un movimiento obrero organizado y combativo que terminó por marcar el pulso de la organización y conflictividad en el país en varias oportunidades.
La solidaridad con los caídos en Chicago activó agendas, imaginarios y proyectos de organización para las y los obreros del mundo que resultaban inimaginables por entonces. Hoy se cumplen 140 años de aquella huelga lejana que abrió camino a la hermandad de la clase trabajadora internacional. Recuperar su memoria, ejercitar su solidaridad y recoger sus banderas resulta urgente en estos tiempos aciagos. Qué deparará el futuro es incierto, pero lo que enseña la historia es concreto y está en nuestras manos.
¡Proletarios del mundo, uníos!