Un taller textil con orden de clausura desde hace dos años fue allanado ayer porque seguía funcionando en el barrio porteño de Flores, donde trabajaban 25 empleados bolivianos y peruanos, explotados por un matrimonio de coreanos que fue detenido.

Un taller textil con orden de clausura desde hace dos años fue allanado ayer porque seguía funcionando en el barrio porteño de Flores, donde trabajaban 25 empleados bolivianos y peruanos, explotados por un matrimonio de coreanos que fue detenido.
El taller funcionaba de forma ilegal en Pergamino 42, a metros de la avenida Rivadavia, en Flores, a pesar de que regía desde hace dos años una orden de clausura por no cumplir con condiciones mínimas de seguridad e higiene.
Manejado por un hombre de 60 años y su esposa de 55, oriundos de Corea del Sur, que viven en el segundo piso del local, el lugar cuenta con 25 empleados de Bolivia y Perú que viven en la Capital Federal y en el conurbano bonaerense.
En el operativo, originado por una denuncia de la Defensoría del Pueblo porteña, intervinieron agentes de la Policía Federal, de la Dirección de Migraciones, de la Fiscalía General y del Ministerio de Trabajo metropolitano.
En el local, de unos 7 metros por 30, se encontraron 28 máquinas de coser —a las cuales se les colocaron precintos para inutilizarlas—, cuatro cámaras de video y tres perros de gran porte.
"Los empleados cobraban 800 pesos, en el caso de los asistentes, y cinco pesos la hora en el caso de las costureras, por una jornada laboral de 13 horas, en condiciones infrahumanas", explicaron.
"La Dirección de Protección del Trabajo dispuso que el taller, para volver a abrir, deberá cumplir con 14 exigencias para el 21 de este mes, plazo durante el cual deberá seguir abonando el salario a sus empleados", explicó un vocero.

