El impacto desigual de la crisis ambiental
La crisis climática es una realidad que golpea con fuerza a toda América Latina. Sin embargo, no todos los territorios ni todas las personas la enfrentan desde el mismo punto de partida. En los barrios populares, donde las viviendas no son seguras y la infraestructura urbana es precaria, los efectos de esta crisis se sienten de manera mucho más cruda.
De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), América Latina y el Caribe están enfrentando un proceso acelerado de calentamiento global. El 2024 fue el año más caluroso registrado en la región, y se espera que esa tendencia se agudice. A la par, se profundizan fenómenos extremos como inundaciones, olas de calor, incendios, sequías y retroceso de glaciares.
Pero mientras algunos sectores cuentan con infraestructura que resiste sus efectos, otros quedan expuestos. En 2024, desde el Centro de Investigación e Innovación Social de TECHO (CIIS - TECHO) publicamos -en colaboración con Jóvenes por el Clima- dos informes que revelan cómo estos eventos afectan particularmente a los barrios populares, y qué tipo de riesgos ambientales enfrentan las familias que habitan allí.
Los resultados son claros: 7 de cada 10 barrios populares en Argentina están expuestos al menos a un factor de riesgo ambiental, como la cercanía a cuerpos de agua, la presencia de basurales o la alta vulnerabilidad frente a inundaciones. La combinación entre riesgo ambiental y falta de acceso a infraestructura adecuada genera un escenario donde cualquier lluvia intensa puede significar graves pérdidas materiales o incluso de vida.
Podés conocer más consultando los informes: “Desigualdad climática en barrios populares: factores de riesgo ambiental en la crisis habitacional de Argentina” (2024) y “Resiliencia climática en barrios populares de Argentina: casos de estudio” (2024).
¿Qué entendemos por barrio popular?
Según el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBaP), éstos se caracterizan por presentar diferentes niveles de precariedad y hacinamiento, con un mínimo de 8 familias agrupadas o contiguas, donde más de la mitad de sus habitantes no cuentan con título de propiedad del suelo, ni acceso regular al menos a dos de los servicios básicos como red de agua corriente, red de energía eléctrica con medidor domiciliario y/o red cloacal.
En base a la última actualización del ReNaBaP (2023), en Argentina existen, al menos, 6.467 barrios populares, y se estima que allí residen alrededor de 1 millón de familias. Esto se traduce en más de 5 millones de personas.
Los datos respecto a acceso a servicios reflejan una realidad crítica:
- En el 97% de los barrios, la mayoría de sus habitantes no accede de forma segura a la red cloacal.
- En el 66% de los barrios, la mayoría de sus habitantes no accede formalmente a la red de energía eléctrica.
- En el 92% de los barrios, la mayoría de sus habitantes no accede formalmente a la red de agua corriente.
Vivir sin acceso a servicios básicos no sólo implica una vulneración de derechos: también incrementa la exposición al riesgo climático. Las viviendas, muchas veces construidas con materiales precarios, no brindan resguardo frente al frío o calor extremos. Además, las calles sin asfaltar o la falta de infraestructura transforman cada tormenta en una posible inundación.
¿A qué nos referimos con desigualdad climática?
Según los mencionados informes del CIIS, 5 de cada 10 barrios se encuentran en zonas inundables, mientras que 3 de cada 10 presentan microbasurales. La exposición a estos factores de riesgo, sumada a la falta de recursos e infraestructura adecuada, provoca que cada evento climático genere problemas graves para las familias, incluso riesgos de muerte.
A pesar de estas adversidades, muchas veces son las propias comunidades quienes se auto-gestionan y organizan para generar respuestas locales. En este sentido, Agustina Godoy del barrio Tío Rolo de Rosario, brindó su perspectiva desde el territorio: “Se ha estado trabajando para mejorar la calidad de vida de los vecinos: se han hecho veredas para poder transitar mejor los días de lluvia y se limpiaron terrenos baldíos que estaban llenos de basura. Se ha promovido la limpieza en un barrio sin esperanza, que siente abandono. Estamos motivando a nuestra gente a tener una calidad de vida mejor, pero solos no podemos: tenemos derecho a tener un contenedor para los residuos y que un camión pueda venir a vaciarlo, y calles que duren años, no meses”. La desigualdad climática es, en definitiva, una manifestación de desigualdades sociales y económicas que estructuran nuestras ciudades.
¿Qué hacemos desde TECHO?
Desde hace más de 20 años, en TECHO trabajamos para garantizar el acceso a una vivienda segura y para impulsar el desarrollo de las comunidades que permitan mejorar las condiciones de vida en los barrios populares.
A través del encuentro entre el voluntariado y las familias de cada barrio, construimos viviendas de emergencia con personas que viven en situaciones críticas. Hemos construido además en contextos de emergencia, como los incendios en Lago Puelo (Chubut) en 2021 o el temporal en Bahía Blanca (Buenos Aires) en 2023.
También impulsamos mesas de trabajo barriales, espacios donde voluntariado y vecinos/as detectan necesidades, diseñan y ejecutan proyectos comunitarios: formación en temáticas como ambiente o derecho, mejoramiento de calles, colocación de luminarias, construcción de veredas, entre otros.
Actualmente tenemos presencia activa en más de 80 comunidades de 11 provincias, entre ellas Santa Fe. Desde la sede de TECHO Rosario, sostenemos actividades todos los fines de semana en 8 barrios: Cañaveral, Camino de los Indios, Tío Rolo, Piamonte, Puente Gallegos II, Los Unidos, Ludueña y El Ocho (Villa Gdor. Gálvez). Desde principios de 2025, hemos construido 20 viviendas de emergencia y ejecutado 3 proyectos comunitarios, movilizando más de 800 voluntarios/as.
Qué podemos hacer frente a esta realidad?
La desigualdad climática no es solo un problema de agenda ambiental, sino que nos interpela a todos como sociedad. Es por eso que requiere de una propuesta multisectorial. La sociedad civil, el sector público y el sector privado deben trabajar articuladamente para garantizar una mejor adaptación y resiliencia frente a los crecientes efectos del cambio climático.
Es necesario que los gobiernos, en sus distintos niveles, impulsen políticas públicas de integración socio-urbana y de adaptación climática en los barrios populares. Al mismo tiempo, las empresas pueden generar un gran impacto mediante programas de responsabilidad social y alianzas con organizaciones que trabajan en el territorio.
Y vos también podés hacer algo al respecto. Si este tema te interpela y querés ser parte de una respuesta concreta, podés sumarte como voluntario/a, como socio o socia donante o acercarte a tu empresa para impulsar una jornada solidaria junto a TECHO.
La crisis climática es un desafío de este tiempo, pero también una oportunidad para construir ciudades más justas. El momento de actuar es ahora.