Escenario

"No me gusta el teatro con moraleja, pero sí con contenido social"

El dramaturgo rosarino Héctor Ansaldi estrena "Las Flores", un melodrama sarcástico sobre abusos y amores truncos.

Lunes 30 de Abril de 2018

Hombre de mil caras. El director, dramaturgo y actor rosarino Héctor Ansaldi bucea en la tragedia y la comedia sin escalas. Desde sus comienzos, con el mítico personaje infantil Piripincho, hasta con sus obras más dramáticas como "Augusto: Cielo/Infierno" o "Zaratustra", el artista demuestra su versatilidad y pasión por la creatividad. Esta vez, Ansaldi se pone al frente de "Las Flores", escrita y dirigida por él, que sube a escena todos los viernes, a las 21, en el teatro Caras y Caretas (Corrientes 1518).

La obra es un relato basado en historias reales y atemporales protagonizada por Daniel López, Esteban Angeloff, Marcos Giordano y Martín Costa. Se trata de un melodrama sarcástico que cuenta historias de mujeres, interpretadas por hombres, que transitan por una vida oscura de abusos, amores truncos, enfermedades y abortos.

"La historia se armó inspirada en mi familia que vino de Italia", relató Ansaldi a La Capital sobre esta nueva puesta que apela a la sensibilidad.

—¿Cómo nació esta obra? ¿En qué hechos te inspiraste para escribirla?

—Nació a partir de unos vestidos muy estrafalarios que donó una alumna al teatro. Creo que eran de su abuela, de los años 50 o 60. Dije: "Tengo que hacer una obra con estos vestuarios"- Así empecé a escribir viendo y escuchando lo que me aparece. No me pongo de antemano una meta para escribir. Siempre parto del espacio. Y como en este caso eran "vestuarios" se me ocurrió que el espacio iba a estar determinado por percheros, esos de las tiendas de ropa, con ruedas. Ahí empezó mi escritura con un poema sobre el cuerpo. El tema vino solo. El cuerpo ultrajado, desvencijado, violado. Y me aparecieron actores, no actrices, vale aclarar que los vestidos eran de mujer. Me vino toda la coreografía de los percheros, y los actores semidesnudos, transitando un espacio atemporal, como una especie de desenmascaramiento. Luego aparece la historia de cuatro hermanas. Pensé que como los vestidos eran doce, podrían ser cuatro actores con tres cambios cada uno. Luego vino los más fácil porque se armó una historia un poco inspirada en mi familia, que vino de Italia. Los diálogos es lo que más fácil me sale escribir. A la historia la fui complicando cada vez más, haciéndola aberrante. De entrada se me ocurrió hacerla en tono de melodrama sarcástico. Y empecé a introducirme en un estilo de tragicomedia.

—En el relato abordás temas profundos como el abuso y el aborto, justamente en esta coyuntura en la que se está tratando de cambiar ciertos paradigmas, como el machismo y la legalización del aborto. ¿Buscás que tus obras tengan un contenido social?

—No me gusta el teatro panfletario ni con moraleja, pero sí creo que todas las obras tienen contenido social. Me gusta que queda abierto y que el público se lo vaya construyendo. Creo que es un tema denso, sensible. Y el teatro es sensibilidad. De hecho, esta obra pega muchísimo más fuerte a las mujeres que a los hombres. Nunca me pasó algo así en ninguna de las obras que había hecho antes. Además no sé si toco esos temas. Eso aparece de una manera aparentemente subliminal, casi aberrante. Pero "Las Flores", que son las cuatro hermanas, le dan importancia dramática a cosas intrascendentes, más que al fondo de la cuestión. Esto es lo que lo torna cómico. Pero yo no me propuse hablar de esos temas específicamente, sino que aparecen como una situación que luego me entero que en la realidad es bastante común, superando esta fantasía.

—¿Cómo tratas estos temas?

—No con burla sino con tono de melodrama. Es un limite bastante finito. Es mostrar a estas pobres mujeres con todo lo que les pasa, pero abstraídas en superficialidades como conseguir Poett para limpiar los pisos, algo que de hecho sucede: limpiar lo externo, para no encontrarse con lo interno.

—¿Para qué público está dirigida esta puesta? ¿Cómo creés que será la respuesta del público?

—No creo que sea una obra para niños, pro supuesto, porque el tono es fuerte, aunque cómico. Creo que la tiene que ver todos. Es una obra para machistas arrepentidos.

—Si bien escribís y dirigís la obra, ¿también vas a protagonizarla a partir de mayo? ¿Qué rol vas a hacer?

—El rol que voy a hacer lo había escrito para hacerlo yo de entrada. Pero preferí tomar una distancia y poder dirigir al grupo desde afuera antes de interpretarlo. Es el personaje de la hermana mayor, de la cual todas se mofan. La más sufriente por otro lado.

—¿Qué desafíos te supone esta puesta comparada con anteriores que has hecho como "Augusto: Cielo/Infierno", "Piripincho" o "Zaratustra"?

—Creo que el desafío es el tema tan sensible hoy día. Y que la escribí yo. En "Augusto..." la locura era de otro (Strindgberg) y en "Zaratustra", de Nietzsche? Con ésta me sucedió un caso donde una persona tomó el hecho tan personal, sobre una escena, que se desquició. Y no tenía nada que ver con mi intención de la puesta. Creo que pasó lo que sucedía en los orígenes del teatro, cuando el público se pensaba que era en serio y quería matar a los actores, o como en el circo criollo que el público perseguía a los malos de la historia. Me pasó un hecho concreto. Y en una escena que en apariencia es cómica.

—¿Por cuánto tiempo seguirá en cartel "Las Flores"? ¿Cuáles son tus próximos proyectos para este 2018?

—En principio se hará en mayo. Ya estoy empezando a ensayar otra obra que escribí que se llama "Tiempo con partido". Es una obra donde dos actores y dos actrices hace distintos personajes que se encuentran siempre en el mismo lugar.

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