El Mundo

Violentas protestas en Francia por el alza del precio de los combustibles

Los Campos Elíseos e inmediaciones de París se convirtieron en un campo de batalla. El gobierno culpa a la ultraderecha de Le Pen

Domingo 25 de Noviembre de 2018

Los violentos enfrentamientos protagonizados en París entre manifestantes y las fuerzas del orden mancharon ayer la segunda gran movilización de los llamados "chalecos amarillos", un movimiento ciudadano nacido en rechazo al alza de los combustibles y que ahora aglutina el malestar general hacia el gobierno de Emmanuel Macron. Según la emisora Europe1, en 2018 el precio del combustible diésel aumentó un 23 por ciento y el de la nafta, un 15 por ciento. A esto se suma la queja por impuestos excesivos, pensiones y jubilaciones insuficientes y, en suma, por la pérdida del poder adquisitivo.

Tras ocho días de bloqueos y manifestaciones ininterrumpidas, unas 106.301 personas se movilizaron ayer en toda Francia frente a las 280.000 de hace una semana, según datos del Ministerio del Interior. En algunos puntos, las concentraciones degeneraron en choques con las fuerzas del orden, en los que ocho personas resultaron heridas —entre ellos dos gendarmes— y otras 35 fueron detenidas —22 de ellas en París—, precisó el comunicado. En total, la última semana de protesta dejó dos muertos, 620 heridos entre los manifestantes y 136 entre las fuerzas del orden.

Fuerte dispositivo de seguridad

Ayer, alrededor de 8.000 "chalecos amarillos" venidos de toda Francia se concentraron en el corazón de París, donde el gobierno desplegó un fuerte dispositivo de seguridad compuesto por 3.000 agentes. La protesta había sido autorizada únicamente a los pies de la Torre Eiffel, pero los manifestantes rechazaron concentrarse en ese punto por temor a ser "invisibilizados", reportó el vespertino Le Monde. Alrededor de 5.000 manifestantes se concentraron en la turística avenida de los Campos Elíseos, que se convirtió en el epicentro de los violentos choques, a los que la policía reaccionó lanzando gases lacrimógenos y chorros de agua, mientras que los manifestantes alzaron barricadas incendiadas y lanzaron adoquines. Los llamados "chalecos amarillos" intentaron llegar al Palacio del Elíseo (sede de gobierno) pero fueron repelidos por las fuerzas de seguridad.

Los alrededores del Arco del Triunfo se transformaron en un campo de batalla cubierto por una densa nube de humo, con mesas de bares y cafés y paradas de colectivos destrozadas por los incidentes.

El ministro del Interior, Christophe Castaner, culpó a la ultraderecha y a su líder Marine Le Pen, de haber propiciado los disturbios a través de un mensaje en la red social Twitter, en el que llamaba a concentrarse en la céntrica avenida parisina pese al veto explícito del Ejecutivo. "Los sediciosos han respondido al llamamiento de Marine Le Pen", declaró el ministro, que los acusó también de los ataques sufridos en los últimos días por diputados del partido de Macron. Le Pen se defendió. Aseguró que en ningún momento llamó a cometer actos violentos y acusó a Castaner de no haber sido capaz de contener a los grupúsculos radicales.

La violencia vivida en París contrastó con el ambiente más distendido del resto del país, donde al igual que el sábado pasado los "chalecos amarillos" bloquearon carreteras y puntos logísticos, abrieron peajes de automóviles y organizaron protestas. Esta semana, las protestas se mantuvieron con menor intensidad por toda la geografía francesa. El punto más violento fue la isla de La Reunión, en el Indico (territorio francés de ultramar), donde la extrema situación llevó al Ejecutivo a decretar el toque de queda mientras Macron ordenaba el despliegue del Ejército. "Estamos hartos de pagar altos impuestos y sufrir una pérdida importante del poder adquisitivo y querríamos que el señor Macron por fin nos escuche", explica Muriel, una podóloga de 52 años. Muriel pidió al presidente francés que "escuche a su pueblo". "Que viva con una salario mínimo o con 2.000 euros al mes y con los impuestos que pagamos a ver si no está en número rojos el día 10 del mes", añadió esta mujer, que llevaba un chaleco amarillo y ondeaba una bandera francesa.

Idir, un técnico informático de 42 años desempleado, decidió participar en la protesta de "chalecos amarillos" para manifestar su "rechazo contra el gobierno" de Macron. Le pidió al presidente francés que baje los impuestos, aumente los salarios y las pensiones y redistribuya la riqueza a todos los franceses.

Las protestas contra la suba del combustible inquieta al gobierno de Macron, en caída libre en las encuestas. Según un sondeo de Odoxa para el periódico Le Figaro, un 77 por ciento de los franceses "justifica" el movimiento de los "chalecos amarillos". Un 82 por ciento pide que se retiren el aumento de la tasa al gasoil. Se trata de una medida que afecta a los bolsillos de los franceses que necesitan el automóvil para desplazarse: la Francia de las medias y pequeñas ciudades y pueblos que se siente despreciada por las élites urbanas y cosmopolitas que va en transporte público y en bicicleta (o en patineta).

No hay marcha atrás

La clase política en pleno pidió una reacción al presidente francés, que por el momento se limitó a asegurar que mantendrá su decisión de imponer una tasa ecológica a los carburantes, destinada a reducir el uso de los más contaminantes, medida que está en el origen del movimiento de los "chalecos amarillos", que ahora sumó a sus reivindicaciones reclamar la renuncia del mandatario. El nombre "chalecos amarillos" se debe a las chaquetas fluorescentes que todos los conductores de Francia deben llevar en sus vehículos para utilizar en caso de una emergencia.

Macron tiene previsto anunciar el martes un conjunto de medidas que atenúen ese impuesto en los hogares más modestos. A partir del 1º de enero, los precios de la nafta en Francia deberán subir en 2,9 céntimos de euro, mientras que los del diésel se incrementarán en 6,5 céntimos por litro. Actualmente un litro de gasoil en Francia cuesta 1,48 euros, y 1,47 la nafta. Los porcentajes son los más elevados del resto de los países europeos.

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