Las obras de renovación en plazas y parques de Rosario no sólo modificaron el paisaje urbano y la forma en que se usan los espacios públicos. También comenzaron a transformar la dinámica comercial de sus entornos, con la aparición de nuevos locales gastronómicos y negocios vinculados al consumo familiar.
En distintos puntos de la ciudad, la recuperación de plazas con nueva iluminación y juegos infantiles de gran porte empezó a generar un fenómeno cada vez más visible: donde antes había sectores degradados o con poca circulación, hoy aparecen cafeterías, heladerías, minimarkets y propuestas pensadas para acompañar el movimiento cotidiano de familias y chicos.
Movimiento
Desde el municipio observan una relación directa entre la inversión en espacio público y el crecimiento de la actividad económica barrial. “Las plazas generan más movimiento de personas y eso impacta directamente en los comercios. Hay negocios que ya existían y aumentaron sus ventas, y también aparecen nuevos locales en lugares donde antes no había prácticamente actividad”, señaló el secretario de Gobierno de Rosario, Sebastián Chale.
Uno de los casos más notorios es el de la plaza Buratovich. La incorporación de iluminación led y posteriormente de un gran espacio de juegos modificó por completo el uso del lugar. “Era una plaza muy tomada por situaciones de abandono y hoy es una plaza llena de familias”, resumen desde el municipio. En paralelo a esa transformación comenzaron a instalarse nuevos comercios en el entorno inmediato: locales gastronómicos como una cafetería-panadería, una heladería y un minimarket de gran escala.
Algo similar ocurrió en la plaza Mariano Moreno, detrás de la Terminal de Ómnibus. Históricamente asociada a hoteles de paso y comercios orientados a otra dinámica urbana, la zona empezó a mutar con la renovación del espacio público. En su entorno aparecieron una heladería, salas de escape y nuevas propuestas vinculadas al entretenimiento familiar.
El fenómeno también se percibe en la plaza Juan Domingo Perón, junto al complejo de Mercado del Patio y el sector gastronómico de Vía Vieja. La renovación del espacio, los nuevos juegos y la iluminación revitalizaron el movimiento en una zona que comenzó a sumar nuevos locales gastronómicos y comerciales en sus alrededores: hay una heladería, y en una de las esquinas un voluminoso local que quedó vacío tras el cierre del bar La Pecera está en obra para convertirse en cafetería.
>> Leer más: Concejo: avanza la ampliación del programa que transforma basurales en plazas
Consumo
El fenómeno también se percibe en otros barrios. En la zona norte, frente a la plaza Ovidio Lagos (Martín Fierro, entre Mazza y Miranda) hay distintos comercios que notaron que las ventas crecieron desde la renovación de la plaza. En la plaza Saavedra de zona sur (Saavedra entre Dorrego e Italia) se da una situación similar: las familias van a estos nuevos espacios con sus hijos y, al mismo tiempo, aprovechan el comercio de cercanía que tienen alrededor de la plaza.
"Hay más familias y chicos, mucho más movimiento los fines de semana. Quizás nosotros no lo sentimos porque tenemos una vinería y como mucho vendemos una gaseosa, pero el kiosco y la panadería sí, porque la gente viene a tomar mate y compran facturas o bizcochos", comentó Cristian, de la vinería Plaza Mayor, un negocio familiar que está hace casi 40 años en el barrio La Florida, frente a la plaza Ovidio Lagos.
Las nociones básicas de urbanismo indican que toda inversión en el espacio público que lo adapte a escala humana genera una mejor interacción social, al aumentar la densidad poblacional que se agrupa allí, y a partir de eso se producen diversos efectos: entre ellos las oportunidades de negocio para el entorno, el comercio minorista y de servicios. En este caso, los juegos renovados o a escala producen un atractivo infantil que de manera colateral genera un efecto positivo en la propuesta comercial porque el encuentro familiar se traduce en consumo.
Por eso, en los grandes espacios públicos existen concesiones gastronómicas o de alimentos. En este caso se da un fenómeno similar, pero en un ámbito más acotado, lo que suele lugar a la actividad de la venta ambulante (como los puestos de pochoclo y vendedores de churros, bebidas o panificados caseros) o los puestos callejeros estilo foodtrucks o de comida rápida. Lo novedoso es que también se traduzcan en un derrame económico sobre los locales comerciales ubicados en las calles circundantes.
En la tradicional zona de las Cuatro Plazas el fenómeno adopta otra escala, atravesado también por la fuerte presencia de escuelas, clubes y venta ambulante. Allí el crecimiento comercial se da principalmente sobre calle Mendoza, donde conviven negocios históricos con nuevas propuestas orientadas al público familiar.
>> Leer más: En lo que va del año se inauguraron más de 60 plazas de bolsillo en Rosario
Seguridad
“Cuando una plaza empieza a tener actividad permanente, con chicos jugando, familias quedándose más tiempo y circulación constante, automáticamente cambia la lógica del entorno. Hay más ojos en la calle, más sensación de seguridad y más gente predispuesta a consumir”, explicó el secretario de Desarrollo Económico, Leandro Lopérgolo.
El funcionario destacó que el proceso todavía no fue medido de manera sistemática, aunque admite que el impacto ya es visible en distintos corredores urbanos como los ya mencionados. La idea, señaló, es avanzar en relevamientos que permitan cuantificar cómo la recuperación del espacio público repercute sobre la productividad y el comercio local.
Según su visión, en primer lugar influye la mayor iluminación. "Después, obviamente, también influye la mejora en las condiciones de seguridad que tuvo Rosario y particularmente los barrios”, explicó Lopérgolo. El mayor movimiento de gente que generan estos nuevos espacios también hace que los comercios tengan más visibilidad y más circulación de potenciales clientes. "Ahí aparece tanto el consumo de necesidad como el consumo espontáneo que surge al ver el comercio”, agregó.
Para el secretario de Desarrollo Económico, la relación entre urbanismo y actividad económica es cada vez más evidente. “La obra pública en espacios verdes no solamente mejora la calidad de vida o recupera lugares de encuentro. También genera circulación, permanencia y nuevas oportunidades económicas. Las familias vuelven a apropiarse del espacio público y eso termina activando toda la economía del entorno”, concluyó.