Mucho se ha hablado y escrito sobre la falta de libertades básicas en Qatar a propósito del Mundial de fútbol. Las notas periodísticas con consejos y advertencias para los que viajaron al Mundial son incontables. También se mencionó el modo ilícito con el que Qatar obtuvo la sede mundialista de parte de la FIFA. Pero poco se analizó el peso de Qatar en la escena internacional y en especial en la la región clave del Golfo Pérsico. El pequeño estado pensinsular juega al ajedrez entre los reinos árabes y sunitas de la ribera occidental del Golfo y la potencia persa, no árabe y shiíta, de la otra orilla: Irán. Por su juego excesivamente audaz, Qatar fue sometido a un duro bloqueo por parte de sus aliados históricos del lado árabe, que duró cuatro años y terminó en abril de 2021.
En 2017, Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos y Bahrein rompieron los lazos diplomáticos con Qatar y le impusieron un bloqueo por tierra, mar y aire. Cuando se habla del “Golfo” se enumeran tácitamente seis estados árabes: Arabia Saudita, Omán, Eemiratos Arabes Unidos (EAU), Qatar, Bahrein y Kuwait. Como vecinos, estos países fundaron el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en 1981 para fortalecer su relación económica y política, ya que tienen muchas similitudes geográficas y recursos como el petróleo y el gas, la cultura y la religión. En esta alianza, Arabia Saudita siempre se vio a sí misma como líder, ya que es el país del Golfo más grande y rico en petróleo, y posee La Meca y Medina, los lugares sagrados del Islam. Su dominio fue casi indiscutible hasta 1995, cuando Qatar empezó a aplicar una política exterior más independiente.
Las tensiones entre los vecinos aumentaron cuando Irán y Qatar empezaron a profundizar sus relaciones comerciales. Además, Qatar empezó a apoyar a grupos políticos islamistas árabes, como los Hermanos Musulmanes, considerados por EAU y Arabia Saudita como “organizaciones terroristas”. De hecho, Qatar reconoce el apoyo y la ayuda prestada a estos grupos extremistas, pero niega haber ayudado a células terroristas vinculadas a Al Qaeda y otras organizaciones terroristas islamistas, como el Talibán afgano, el Estado Islámico (el ISIS) y la palestina Hamas. Estas negativas no son muy convincentes. En agosto de 2021, EEUU y el Talibán firmaron el "acuerdo de Doha" para dar fin a la guerra. Doha era la residencia permanente de la cúpula talibán. Además, con el lanzamiento de la cadena de televisión Al Jazeera, Qatar dio a estos grupos extremistas un medio para difundir sus discursos radicalizados. Poco a poco, el ambiente se fue tensando, ya que Arabia Saudita, líder del Islam sunita, ve en los grupos shiítas una amenaza a su liderazgo.
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El 5 enero 2021 se firmó la paz y la normalización de relaciones entre Qatar y sus vecinos árabes en una ciudad saudita. Pero la desconfianza recíproca no desapareció.
Por todo esto, en 2017, los países árabes del Golfo, excepto Omán y Kuwait, decidieron aplicar el bloqueo a Qatar. Como condicionamiento político, los países impusieron exigencias específicas que Qatar debía cumplir para restablecer las relaciones diplomáticas. Entre ellas estaban el corte de los lazos diplomáticos con Irán, el fin del apoyo a los grupos islamistas radicales y el cese de Al Jazeera. Qatar se negó a ceder y afirmó que las exigencias eran una violación de la soberanía del país.
El rotundo bloqueo implicó la suspensión de las actividades económicas entre Qatar y sus vecinos. Sin embargo, lo más impactante fue la expulsión de los ciudadanos qataríes que residían en los demás Estados del CCG. Un año después, Qatar presentó una denuncia ante el Tribunal Internacional de Justicia por discriminación. El tribunal ordenó que se reunieran las familias que habían sido separadas debido a la expulsión de sus parientes; asimismo, se debía permitir a los estudiantes qataríes que estudiaban en estos países continuar sus estudios. Los EAU emitieron una orden judicial en la que acusaban a Qatar de paralizar la página web en la que los ciudadanos podían solicitar visados para los EAU, a lo que Qatar respondió que se trataba de una cuestión de seguridad nacional. Entre acusaciones y declaraciones, las tensiones siguieron aumentando y no se logró ninguna mejora real.
Qatar se vio muy afectado: el 40% del suministro de alimentos llega al país a través de Arabia Saudita. La reducción de los precios del petróleo en aquel momento fue otro factor que se sumó. De hecho, el valor de mercado de Qatar disminuyó un 10% en las primeras cuatro semanas de la crisis. Sin embargo, el país comenzó a tomar medidas y apuntaló sus bancos, intensificó el comercio con Turquía e Irán y aumentó su producción. Qatar tiene las terceras reservas del mundo en gas natural y es asimismo una potencia petrolera. En ese momento, la recepción de los materiales necesarios para la construcción de los estadios e infraestructuras para el Mundial quedó en duda. Pero Qatar siguió adelante y comenzó a recibir materiales a través de Omán para evitar las restricciones de EAU.
Tensión creciente
En 2019, la tensión casi causa la ruptura del CCG, una alianza que ayuda a los países del Golfo a reforzar lazos económicos con los países europeos y China. Qatar, que alberga la mayor base militar de Estados Unidos en Oriente Medio, tenía una carta ganadora. En Qatar se ubica asimismo el poderoso Comando Central (CentCom) de los EEUU. Desde entonces la situación comenzó a normalizarse. La “diplomacia deportiva” jugó su papel. En noviembre de 2019 Qatar fue anfitrión del 24º torneo de la Copa del Golfo Arabe en el que los países del Golfo participaron con sus equipos nacionales de fútbol. Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudita y Bahrein, que inicialmente boicotearon el torneo, finalmente decidieron participar.
Finalmente, el 5 enero 2021, se firmó la paz y la normalización de relaciones. Arabia Saudita abrió sus fronteras marítimas, terrestres y aéreas con Qatar, cerradas desde el 5 de junio de 2017, cuando los saudíes, Emiratos Arabes Unidos, Bahrein y también Egipto rompieron relaciones diplomáticas con Doha. El acuerdo que puso fin al embargo total se firmó en la ciudad saudita de Al-Ula, durante una cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) que volvió a contar con la presencia del emir de Qatar.
Según la BBC, la cumbre se pudo hacer por la decisión saudita de abrir su espacio aéreo y fronteras terrestres y marítimas para ganarse la confianza y garantizar la asistencia del emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani. Pero Ryad sigue reclamando la necesidad de abordar las preocupaciones de seguridad que genera Qatar y pide un compromiso. Las tensiones siguen siendo profundas. Aunque se ha conseguido mantenerla bajo control, las profundas divisiones hacen que pueda estallar una nueva disputa en el futuro.