En una víspera electoral atravesada por la tensión, en las casas, los cafés y las reuniones de amigos se respira un aire de momentos cruciales en Francia, pues la extrema derecha de Marine Le Pen parece estar por primera vez, según encuestas, cerca del Palacio Elíseo, en unos comicios marcados también por la pandemia y la guerra en Ucrania.
Todo apunta a que este domingo a las 20 (hora local) se confirmará un nuevo duelo entre el presidente Emmanuel Macron, que aspira a la reelección, y Le Pen, tal como hace cinco años, pero con la diferencia, esta vez, de que será un duelo voto a voto.
Efectivamente, las últimas encuestas revelaron que apenas dos puntos separan a los contendientes en la primera vuelta (26% para Macron, 24% para Le Pen), la misma diferencia que para el segundo turno electoral (51% contra 49%).
Por su parte, el líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, también registró una espectacular subida, de entre el 17 y 18%.
La derecha y la ultraderecha se enfrentan en definitiva en estas elecciones, donde la abstención será el nuevo voto militante de protesta. Algunos creen que podría superar el 32% y así decidir quién gana o pierde los comicios. Un total de 12 candidatos se enfrentarán y si uno no consigue el 50%, tendrán balotaje el 24 de abril.
Habrá una particularidad en la jornada de votación: no será una clásica y tradicional elección a la francesa. El Partido Socialista está al borde de la extinción, junto con Los Republicanos conservadores de Valérie Pecresse.
Macron dice que la nueva división ya no es de izquierda a derecha, sino entre “un campo progresista”, encarnado por él, y “populistas” encabezados por Marine Le Pen, la líder de la Agrupación Nacional.
Marine argumenta más o menos lo mismo, aunque con diferentes términos. La elección, dijo esta semana, sería una decisión fundamental entre “la nación y la globalización”.
Mélenchon y el ecologista Yannick Jadot, a quien las encuestas asignan cerca del 5% de los votos, fueron los únicos que se dejaron ver ayer en público, asistiendo discretamente a la única actividad permitida, la “Marcha por el futuro” en París, entre ecologistas, antirracistas y feministas.
Los colegios electorales, para los 48,7 millones de votantes, abrirán a las 8 y cerrarán a las 19 en la mayor parte del país, a las 20 en las grandes ciudades, incluida París.
A partir de ese momento los medios irán dando encuestas a boca de urna y proyecciones hasta perfilar las cifras de cara al próximo el 24 de abril.
Paralizada primero por el Covid y luego por el conflicto de Ucrania, la campaña electoral se ha desarrollado por caminos inesperados: poco o nada de los grandes temas que dominaron estos últimos años, empezando por el calentamiento global -prácticamente ignorado- han sido motivo del debate político.
Incluso los temas que se destacan en la plataforma de la extrema derecha, desde la inmigración hasta la seguridad, han sido abandonados por Le Pen, quien con visión de futuro los dejó en manos de su competidor en el área, Eric Zemmour.
El diésel subió a 2,70 euros en 24 horas a causa de la guerra en Ucrania, la pandemia dejó miles de quebrados y el poder de compra de los salarios es cada vez menor. Dicho combo parece haber esmerilado la proyección de Macron en las últimas semanas. Había ingresado a las elecciones como gran favorito con 20 puntos por delante de Le Pen en las encuestas hace un mes. El devenir redujo notablemente la distancia.
Le Pen siente que tiene viento de cola. Con el triunfo de Viktor Orban, el primer ministro populista de Hungría, el fin de semana pasado, y del presidente Vucic de Serbia, su compañero político, cierta realidad se le acomodó en el último tiempo.
Si la ultraderechista llega a ganar sería la mayor sorpresa al menos desde 1981, cuando François Mitterrand llegó al poder, tras aliar su Partido Socialista con los comunistas franceses.