El Mundo

Los extremistas del Estado Islámico logran una gran victoria militar en Irak

Después de dos días y medio de combates y más de 500 muertos, los islamistas tomaron la ciudad de Ramadi, a solo 100 km de Bagdad.

Lunes 18 de Mayo de 2015

Los extremistas del Estado Islámico (EI) se anotaron su principal victoria militar en casi un año al tomar pleno control de la ciudad de Ramadi, capital de la provincia central Al Anbar y hogar de medio millón de personas, a sólo 100 kilómetros de Bagdad. La grave noticia fue confirmada por el gobierno iraquí, mientras un creciente flujo de refugiados ocupaba la ruta que va de Ramadi a Bagdad. En cambio, en Siria el ejército logró expulsar a los islamistas de EI de la periferia del centro arqueológico de Palmyra, declarado tesoro de la humanidad por la Unesco y que es asediado por los terroristas, famosos por destruir ruinas por considerarlas sacrílegas.
  Pero claramente la caída de Ramadi es el hecho de mayor significado militar. El EI reivindicó la victoria en un comunicado difundido por internet, que se conoció cuando se multiplicaban las versiones que hablaban de una retirada masiva de los soldados iraquíes de la estratégica ciudad, después de dos días y medio de fuertes combates que dejaron alrededor de 500 muertos. Poco después, Muhannad Haimour, vocero del gobierno provincial de Al Anbar, confirmó la noticia. “La ciudad ha caído”, admitió al diario The New York Times.
  Los yihadistas impusieron una dura derrota al ejército iraquí y asimismo a las milicias sunitas que lo apoyan. Los extremistas se apoderaron del cuartel general de las fuerzas de seguridad iraquíes, haciendose con el control total de esta capital de provincia iraquí. “El centro de operaciones en la provincia de Al Anbar fue abandonado” por las fuerzas de seguridad, admitió Muhanad Haimour, portavoz y consejero del gobernador de la provincia. Haimour explicó que, durante la ofensiva podrían haber muerto medio millar de personas, entre civiles y fuerzas de seguridad, si bien precisó que aún no había un balance definitivo.
  El hecho es que el EI, luego de su explosivo avance por Irak a mediados de 2014, lejos está de haber pasado a la defensiva, pese a que desde septiembre pasado está bajo el fuego constante de las fuerzas aéreas aliadas lideradas por EEUU. Ayer podían verse a familias completas caminando por las rutas que unen Ramadi con Bagdad, ubicada a 65 km de distancia. Bajo el sol abrasador de la primavera iraquí, los civiles —que hasta hace pocos días vivían con normalidad en sus casas—, caminaban mientras se alimentaban como podían. El estado de conmoción era visible en las miradas de hombres y mujeres acompañados de numerosos niños. En las afueras de Bagdad ya era posible observar a contingentes de prófugos, que se sumarán a los muchos miles que viven en la capital iraquí luego de escapar del avance del EI el año pasado. Ramadi es una ciudad sunita, la rama del islam que profesa el EI, pero aún así los iraquíes sunitas prefieren escapar del avance del grupo terrorista. Su pertenencia a la misma fe no les garantiza en absoluto que no puedan caer bajo las balas de los milicianos, quienes establecen una dictadura clerical y militar en las zonas que dominan.

Siria. En Siria, en cambio, en la localidad de Palmyra, después de violentos combates con el ejército, el EI “se retiró de la mayoría de los barrios” del norte de la ciudad, menos de 24 horas después de haberse apoderado de esa zona, según reportó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH). El gobernador de Homs, provincia de la que forma parte Palmyra, indicó que el ataque del EI en el norte de la ciudad había sido “abortado”. El director del Observatorio, Rami Abdel Rahman, precisó no obstante que “los combates continuaban en la periferia norte entre fuerzas leales (al presidente sirio Bashar Assad) y los yihadistas”. Pese a la retirada, la amenaza sigue presente, ya que los insurgentes rodean prácticamente toda la ciudad y se encuentran a un kilómetro del sitio arqueológico de Palmyra, declarado patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco. El director de antigüedades y de los museos sirios, Mamun Abdelkarim, teme que Palmira corra la misma suerte que los sitios arqueológicos del norte de Irak, como Nimrod y Hatra, dañados o destruidos por el EI.
  Entre el miércoles y el domingo, la batalla de Palmyra costó al menos 315 muertes, según el OSDH, que cuenta con una amplia red de informadores en Siria. Entre ellos había 123 soldados y milicianos gubernamentales, 135 combatientes del EI y 57 civiles, de los cuales decenas fueron ejecutados por el grupo extremista. Al este de Palmyra también se produjeron combates en los alrededores de la ciudad. Allí, al menos 20 yihadistas murieron bombardeados por el ejército sirio. En el noroeste de la ciudad se batallaba por el campo de gas de Al Hel, donde el EI logró hacerse con dos puestos del ejército. El EI lanzó el miércoles el asalto a Palmyra, un enclave estratégico al estar situado en el desierto sirio que da paso a la provincia limítrofe iraquí de Al Anbar.

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