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El líder norcoreano no se va con las manos vacías

Cuando Kim Jong-un y Donald Trump se sentaron a negociar, el líder norcoreano confió a la prensa que tenía la sensación de que la segunda cumbre entre ambos terminaría con algún tipo de acuerdo, pero su instinto lo traicionó.

Viernes 01 de Marzo de 2019

Cuando Kim Jong-un y Donald Trump se sentaron a negociar, el líder norcoreano confió a la prensa que tenía la sensación de que la segunda cumbre entre ambos terminaría con algún tipo de acuerdo, pero su instinto lo traicionó. Poco después regresaba a su hotel en Hanói sin acuerdo alguno. Nunca es fácil estimar los cálculos previos de Kim en una negociación, pero la culminación de dos días de reuniones con Trump parecía un desastre con mayúsculas. Kim llegó en busca de una mitigación de las sanciones, que Trump dijo que no podía darle. Antes de la brusca partida, Kim parecía estar a punto de obtener algo que no lograron su padre ni su abuelo: una declaración del fin de la Guerra de Corea por parte de EEUU. Tampoco lo obtuvo, pero no regresa con las manos vacías. El líder norcoreano tal vez exageró sus expectativas sobre las sanciones, pero demostró ser un negociador duro, algo que Trump difícilmente olvidará. Su legitimidad creció, ya que convenció al hombre más poderoso del mundo que viaje a Asia dos veces en menos de nueve meses. Adicionalmente, al anunciar el fracaso del diálogo, Trump siguió elogiando a Kim y destacando que la cumbre fue amistosa y constructiva. Más importante aún, dejó la puerta abierta para seguir negociando. Kim sabrá aprovecharlo. Ya dio grandes pasos hacia socavar el apoyo a las sanciones por parte de China y Corea del Sur, y se prevé que seguirá presionando para alejarlos de la política de máxima presión de EEUU, la que luce cada vez más frágil. Trump dijo que Kim prometió mantener su moratoria sobre los ensayos misilísticos y nucleares, de manera que la falta de acuerdo no significa que las partes regresarán en lo pronto al estado de crisis.

A lo largo del proceso de negociación, la prensa estatal norcoreana se cuidó de criticar directamente a Trump y en cambio enfiló sus cañones hacia funcionarios subalternos, como el secretario de Estado, Mike Pompeo. Resta saber cómo interpretará la maquinaria propagandística norcoreana el desenlace en Hanói, pero parece improbable que deje de demostrarle deferencia a Trump.

Trump casi pareció apoyar uno de los argumentos de Kim, al insinuar que las maniobras militares son costosas y no del todo necesarias. EEUU mantiene 30.000 militares en Surcorea y los ejercicios conjuntos con Seúl son para Pyongyang solo un ensayo general para la guerra. Trump no dijo que retirará las fuerzas ni que pondrá fin a las maniobras, pero parece indicar que las quejas de Kim no caen en oídos sordos. Aunque sus negociaciones con EEUU se empantanaron, Kim borró en gran medida la imagen unidimensional de los líderes norcoreanos desde que irrumpió en la escena mundial en 2018 para protagonizar unas cumbres sorprendentemente efectivas con China, Surcorea y Trump.

A diferencia de Trump, quien partió inmediatamente hacia Washington, Kim seguirá en Hanói hasta mañana, haciendo turismo y reuniéndose con funcionarios vietnamitas. Esto le permite presentar al mundo y a su país la imagen de que el encuentro con Trump fue parte de un viaje más amplio y con diversos objetivos. Kim regresa a una opinión pública que, de acuerdo con la prensa estatal, se desvela a la espera de su venerado regreso. Sea cierto o no, sin duda no le aguarda el mismo incendio político que a Trump.

Adam Schreck-Eric Talmadge

AP

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