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De los históricos tratados Salt a jugarse a todo o nada en una mesa de póker

Los tratados Salt, firmados entre la Urss de Leonid Brezhnev y Richard Nixon, se iniciaron con conversaciones oficiales en Helsinski en 1969.

Martes 12 de Junio de 2018

Los tratados Salt, firmados entre la Urss de Leonid Brezhnev y Richard Nixon, se iniciaron con conversaciones oficiales en Helsinski en 1969. Se firmó el primer tratado tres años depués, en 1972. Las negociaciones fueron arduas y complejas. El tratado limitó con éxito los arsenales nucleares estratégicos. Años después, Carter y Brezhnev fimarían el Salt II, aunque Reagan lo daría de baja en 1986. Posteriormente, en 1991, Bush (padre) y Gorbachov fimarán el Start I.

Documentos similares seguirían en los años siguientes hasta hoy, con el vigente New Start. Las reducciones de los arsenales fueron muy marcadas a partir del final de la Guerra Fría, hasta llegar a los niveles actuales, de unas 1.600 armas nucleares por país. Previamente, Gorbachov y Reagan habían acordado eliminar misiles nucleares de alcance intermedio (1987), que eran las que desatarían una guerra nuclear en suelo europeo. También se terminó con varios miles de las pequeñas y difíciles de controlar armas nucleares tácticas o "de teatro", de baja potencia y que iban montadas en misiles antiaéreos, torpedos, proyectiles de artillería y cazabombarderos comunes.

Todos esos tratados fueron precedidos por largas negociaciones entre equipos de diplomáticos y militares, que revisaban cada ítem con el microscopio. Este arduo trabajo previo fue la clave de su perdurable éxito. Los tratados Salt en especial, pusieron un marco de racionalidad a la enorme proliferación nuclear de la Guerra Fría de los años 50 y 60 y permitieron habilitar canales de negociación permanentes. Este esfuerzo político y diplomático de las dos partes durante muchos años fue el que llevó a los logros finales, hoy muy olvidados, pero que salvaron casi seguramente a la Humanidad de un holocausto nuclear.

En contraste, las negociaciones de hoy en Singapur entre dos líderes de carácter impulsivo no tienen casi preparación y durarán solo un día. Será a todo o nada, sin verdaderos equipos de expertos ni "sherpas". Es "una sola oportunidad", advirtió Trump. Si sale bien, Trump y Kim se habrán ganado una página en la Historia. Si sale mal o muy mal, como el reciente G-7 de Canadá, arruinado por el volcánico estadounidense, o porque Kim se siente humillado, nadie sabe qué puede suceder. Tal vez nada, se disimule el fracaso y queden sólo las fotos. Algunos especialistas apuestan a un proceso de desarme nuclear de muchos años.

En paralelo, Corea del Norte se abriría al comercio y las inversiones exteriores para modernizarse y salir de la pesadilla estalinista en la que vive. Pero apenas la presencia tras bambalinas de China, que ha disciplinado a Kim con verdaderas sanciones, da ciertas garantías al show de Singapur. También, la activa diplomacia de Seúl. Pero igualmente faltará ese trabajo previo que permitió el perdurable éxito de los tratados Salt y Start. Hoy todo dependerá del estilo intuitivo y brutal de dos líderes de rasgos rufianescos y bizarros. Será un partido de póker entre dos jugadores tramposos con personalidades patológicas. Ojalá "salga bien", y finalmente Norcorea comience a dejar de ser un país-zombie, pero es una locura que asuntos tan graves se decidan de esta manera.

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