
En contraste, las negociaciones de hoy en Singapur entre dos líderes de carácter impulsivo no tienen casi preparación y durarán solo un día. Será a todo o nada, sin verdaderos equipos de expertos ni "sherpas". Es "una sola oportunidad", advirtió Trump. Si sale bien, Trump y Kim se habrán ganado una página en la Historia. Si sale mal o muy mal, como el reciente G-7 de Canadá, arruinado por el volcánico estadounidense, o porque Kim se siente humillado, nadie sabe qué puede suceder. Tal vez nada, se disimule el fracaso y queden sólo las fotos. Algunos especialistas apuestan a un proceso de desarme nuclear de muchos años.
En paralelo, Corea del Norte se abriría al comercio y las inversiones exteriores para modernizarse y salir de la pesadilla estalinista en la que vive. Pero apenas la presencia tras bambalinas de China, que ha disciplinado a Kim con verdaderas sanciones, da ciertas garantías al show de Singapur. También, la activa diplomacia de Seúl. Pero igualmente faltará ese trabajo previo que permitió el perdurable éxito de los tratados Salt y Start. Hoy todo dependerá del estilo intuitivo y brutal de dos líderes de rasgos rufianescos y bizarros. Será un partido de póker entre dos jugadores tramposos con personalidades patológicas. Ojalá "salga bien", y finalmente Norcorea comience a dejar de ser un país-zombie, pero es una locura que asuntos tan graves se decidan de esta manera.


Por Mariano D'Arrigo
Por Matías Petisce
