Descubrir a un grupo de estudiantes meditando dentro del aula ya no parece tan extraño de este lado del planeta. La Universidad del Gran Rosario desde su tecnicatura universitaria en yoga y salud integral, viene desarrollando esta experiencia con estudiantes de 1º y 2º año de la Escuela de Educación Secundaria Nº 3.042 Leonardo Da Vinci.
"El yoga nos despierta al contacto con nuestra esencia, la verdadera naturaleza y la creatividad, y notamos que empiezan a suceder cosas vinculadas con lo físico y lo emocional", destaca la licenciada María Eugenia Rovetto, directora de la tecnicatura universitaria en este proyecto que emprendieron con la escuela. "No buscamos adoctrinar o utilizar estas técnicas solo para bajar la ansiedad en el aula o lograr que estén más tranquilos, sino para fomentar otro espacio donde se trabaje la interioridad y la meditación".
Una vez por semana sacan todos los bancos del aula y se descalzan por un rato. En esta práctica que al principio generaba cierta resistencia, los estudiantes descubrieron un estado de bienestar diferente. "Primero realizamos movimientos corporales, algunas posturas clásicas y el saludo al sol, algo que los divierte mucho. Sobre el final de la clase destinamos diez minutos para la relajación, el momento más esperado por los adolescentes. En este silencio profundo que comienzan a disfrutar, encuentran un espacio donde son escuchados, se respeta su voz y su cuerpo", describe la directora acerca de la modalidad que implementaron en las clases.
Esta iniciativa surge luego de la visita de la representante de la Embajada India en la Argentina, Swada Rizvi, y ante el interés que manifestaron desde la escuela secundaria. "Comenzamos a dar clases de yoga a chicos y chicas de 1º año una vez por semana, y este año continuamos la práctica también en 2º", cuenta Rovetto. Desde la carrera de yoga aseguran que esta práctica permitió iniciar además una investigación sobre su implementación y los beneficios. En este proyecto exploratorio y a través de encuestas a familias, estudiantes y docentes se miden tres dimensiones: bienestar personal, desempeño académico y desarrollo emocional.
En un video donde la universidad describe esta experiencia, Mónica Candotto directora de la escuela Leonardo Da Vinci y Natalia Nunes, vicedirectora, cuentan cómo se interesaron en esta experiencia. "Ya veníamos implementando en la escuela algunas técnicas de relajación y respiración pero lo hacíamos de manera natural y sin darnos cuenta que estábamos iniciando algunas prácticas vinculadas con el yoga". Un recurso que aseguran funcionaba bien ante algunas situaciones de violencia, desatención y dificultad para la integración. En la actualidad, diversas investigaciones reconocen el aporte de esta disciplina a la educación como una estrategia novedosa y eficaz para favorecer el desempeño escolar, facilitar el desarrollo emocional y promover el bienestar personal de los estudiantes.
La escuela incorporó las clases de yoga dentro del horario de educación física y cuenta con la aprobación del Ministerio de Educación de la provincia. "Esta posibilidad de recostarse en el piso permite otro modo de encontrarse en el ámbito de la escuela. Tendrían que existir otros espacios donde los alumnos y alumnas puedan hacer estas prácticas más allá de la clase", remarca Rovetto.
El proyecto de extensión e investigación de la universidad busca instalar esta disciplina en el ámbito educativo, y que más profesores y profesoras puedan aplicar algunas de estas técnicas en sus clases. "La idea es que puedan vivir esta experiencia primero en su interior y así poder transmitirla en el aula. Si solamente se utiliza como una herramienta y no se entiende de manera integral no dará sus frutos", aporta Cecilia Guerra, profesora de psicología integral de la carrera de yoga.
Descalzos y en silencio
"No es lo mismo dar una clase a una grupo de adultos que asiste de manera voluntaria, que a los adolescentes en la escuela. Al principio, muchos no querían estar, se resistían a quitarse las zapatillas o quedarse quietos, pero fuimos aprendiendo juntos, y de a poco se fueron entusiasmando", afirman sobre la experiencia.
Camila, estudiante de 2º año de la escuela Leonardo Da Vinci, reconoce que estas técnicas la ayudaron a concentrarse, "en algunas situaciones para no ir al choque o el insulto. Me re gustó, y la profesora logró transmitirnos su energía y buen oído". Mailén, otra de las alumnas, cuenta que a través de las prácticas de yoga notó un cambio en sus acciones, y a Tatiana le brindó nuevas herramientas para aplicar en la escuela: "Soy distraída y me cuesta concentrarme, y gracias a estas técnicas y poses que aprendí, me puedo enfocar mejor en lo que deseo".
Los resultados fueron muy positivos, destacan Rovetto y Guerra: "La escuela pudo constatar un mejor rendimiento en el estudio, y también desde lo vincular comenzaron a sentirse mejor y regular las emociones. Mediante las prácticas de yoga también notamos progresos en el trato y el respeto por los otros".
"Mejorar este clima de convivencia en chicos y chicas que tienen entre 13 y 14 años nos anima a seguir avanzando y profundizando en la inclusión de estas herramientas en las propuestas pedagógicas", agregan respecto de este proyecto que desarrollaron de manera interdisciplinaria con la licenciatura en psicopedagogía. Durante las prácticas, las educadoras observaron por ejemplo, que para sentarse y quedarse erguidos tenían mucha dificultad y sentían molestias en la columna como consecuencia de la mala postura, y que también podían abordar la disciplina desde otras áreas como la kinesiología.
"Se trata de entender la salud desde otro paradigma, desde la integralidad mente, cuerpo y espíritu, algo que todavía concebimos de manera separada. Cuando en Oriente se trata de una disciplina milenaria, aquí recién está dando los primeros pasos en el mundo académico", señala Rovetto.
Las técnicas de hatha yoga son las más antiguas y también las más clásicas, proponen la respiración corporal, la concentración y relajación. "No se trata de clases sueltas sino de comprometer a la comunidad educativa en el modo de entender el aprendizaje". En el nivel inicial, las técnicas son las mismas pero el modo de enseñanza es a través del juego, donde se incorporan diferentes posturas asociadas con los animales.
"Estas prácticas aquietan la mente y nos permite conectarnos con eso que ya somos. No nos trasladamos, como se piensa, a un lugar lejano o vemos lluvias de colores", aclaran las educadoras.
Desde su vivencia personal, cada una se vinculó de manera diferente con esta disciplina. Para Rovetto, directora de la carrera de yoga y además licenciada en ciencias políticas, el encuentro con esta técnica milenaria permitió entrelazar estos dos mundos. "En un momento donde estaba más vinculada con lo racional y lo cognitivo, descubrí un cartel por la calle que promocionaba clases de yoga. Hasta ese momento era de una manera, hoy siento que el yoga endulzó mi vida", dice. Guerra, desde su profesión como psicóloga y profesora manifiesta también su percepción: "Siempre estaba en la búsqueda de otras disciplinas vinculadas con el contacto corporal, con algo más profundo y cuestionando de alguna manera mis prácticas. Con el tiempo conocí el yoga de la mano de un maestro que dicta clases en la universidad, entendiendo además que solo cuando se siente esta experiencia se puede transmitir a los otros".