Educación

La pedagogía del Ágora de la Tierra y las jarras escolares

La Cátedra del Agua de la UNR propone escolarizar el Derecho de Jarras y sumar bebederos en los espacios públicos.

Sábado 06 de Julio de 2019

El 15 de diciembre de 2018 se realizó el Ágora de los Habitantes de la Tierra (AHT), donde personalidades académicas, intelectuales, sociales, políticas y sindicales de todo el mundo se congregaron en Sezano (Verona). Fue una importante y trascendental asamblea de los habitantes del planeta. Junto a Riccardo Petrella se construyó en proceso un Nuevo Pacto de la Humanidad. Se arribaron a conclusiones que constituyen una pedagogía como la Carta de Identidad Mundial, simbólica para todos los habitantes del mundo para vivir en fraternidad. También se arribó a la necesidad de la desmercantilización y desmonetarización de los bienes comunes como el agua, el conocimiento y las semillas, para que estén al servicio de toda la vida. En este proceso antes señalado, se abonó también el Pacto Público del Agua capítulo Latinoamericano, firmado e1 de 1º de octubre de 2011, en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), desde la perspectiva del ambientalismo inclusivo. Allí nos comprometimos desde lo académico y lo vinculativo con la comunidad, para analizar cómo generábamos conocimientos para que el derecho humano al agua llegara a la cotidianidad de las personas. La sociología de lo cotidiano nos ha señalado que a la cuestión del agua potable generalmente se la aborda y se la ha abordado desde las necesidades de cada casa familia. Y, escasamente, tomando como referencia a las personas en situación de paseantes de lo urbano, en el marco funcional de las escuelas, del trabajo o bien de consumidor en los grandes comercios.

Desde la Cátedra del Agua y el Centro Interdisciplinario del Agua de la Facultad de Ciencia Política de la UNR, al igual que la Comisión del Derecho al Agua del Colegio de Abogados de Rosario, bregamos por una cultura de la perspectiva ambiental. Así podremos analizar la problemática del agua potable y segura en un todo conectado y consolidar el derecho a la ciudad amable.

Hemos logrado la transformación ambiental de la cultura del agua en la ciudad de Rosario,. Ciudad pionera con el Derecho de Jarras de Agua en bares, restaurantes, en oficinas públicas y privadas con atención a personas, también en grandes supermercado de más de 1.200 metros cuadrados y en los camiones de comida (food truck). El bienestar con el agua avanza.

El Derecho de Jarras de Agua, creación sociológica y jurídica de quien suscribe, ha logrado consolidarse. Pero falta que a éste derecho se lo escolarice. Mediante bebederos aptos, sanos y amigables para las niñas y niños en las escuelas. Nuestro país tiene aproximadamente 63.041 establecimientos educativos. Según el relevamiento de Encuesta Mundial de Salud Escolar (Emse), focalizado en la Argentina, menos del 6 por ciento de las escuelas tienen bebederos de agua, aptos, sanos, limpios y amables. Asimismo se plantea que las personas en infancia escolar consumen 600 calorías por día. Algo así como que las niñas y niños consumen 15 chupetines diarios, desde ya nocivo para la salud. Surge a todas luces, que el Estado debe garantizar que todas las personas en situación de escolaridad puedan acceder a agua potable, libre y gratuita en el establecimiento educativo. Igual para todo el personal de trabajo de la escuela.

Estos datos de Emse nos tienen que llamar a una profunda reflexión respecto a que el Estado debe garantizar el derecho humano al agua mediante bebederos.

Todo derecho surge como construcción cultural que luego deviene en normativa. Debemos producir más cultura, con una curricularización transversal y fáctica de nuestras prácticas sociales. Así, se fue construyendo en su momento el Derecho de Jarras. Tenemos que construir culturalmente bebederos en los establecimientos educativos. Tenemos y debemos construir una sensibilidad que nos haga crear una percepción ambiental inclusiva que nos indigne las ausencias no sólo antes señaladas, sino también que todavía existen 124 millones de niños y adolescentes en el mundo que no acceden a la escuela (Unicef) y que son sectores vulnerables juntos a los 2.100 millones de personas (OMS) que no acceden a un servicio integral y seguro al agua. Que la infancia no pueda volver al agua es un escándalo y también es barbárico la naturalización que hacen los Estados.

No podemos permitir que la necedad nos invada y no poder ver que el agua es un derecho humano imprescindible para todas y todos, pero más para las niñas y los niños.

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