El Caeba funciona en la Biblioteca Juanito Laguna del barrio Santa Lucía, en el oeste de Rosario. Allí esperan Soledad, Josefa, Mónica, Sasha, Diego y la profesora Natalia Luque. Para sorpresa de todos ese día recibieron la visita de Roque Orieta, hermano de Josefa, excombatiente y protagonista del cuento “Roque, orgullo familiar”, por el que fueron reconocidos en el concurso.
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Al Caeba de Martí al 7500 asisten hombre y mujeres de entre 18 y 72 años que aprenden de forma colectiva.
Marcelo Bustamante
Recuerdos de la guerra
En 1982 Josefa vivía con su familia en una zona rural de Chaco. Roque era el menor de siete hermanos y había sido reclutado para pelear en el Atlántico Sur. Era una época en la que no había acceso a ningún tipo de tecnología y en el campo solo contaban con una radio. Los meses pasaban, la guerra había terminado y no sabían nada de él. No se hablaba mucho sobre el tema pero todos lo daban por muerto.
Un día, mientras realizaban las tareas diarias ven llegar a Roque caminando. La emoción familiar de aquel momento quedó grabada en Josefa que compartió la historia con sus compañeros de curso. Cuando desde el Ministerio de Educación convocaron a participar del concurso literario con un jurado integrado por excombatientes, decidieron colectivamente que la historia de Roque, a través de las memorias de su hermana, debía ser contada.
En la charla con La Capital Josefa habla de cuánto le costó contar esa historia porque “no se hablaba del tema en la familia”, y reconoce el buen trabajo que hizo su profesora para que ella se animara a compartir sus recuerdos. “Yo no puedo leer el cuento porque me emociono mucho y lloro, y es un poquito de la historia, no toda”, dice la mayor de las estudiantes, que no es la única que se siente movilizada. “Que ganemos un premio contando la historia de mi hermano me hace sentir muy feliz, por él y por nosotros”, dice Josefa, que empezó el Caeba porque, aunque siempre quiso aprender a leer y escribir, no pudo hacerlo por ocuparse de los cuidados familiares.
Su compañera Soledad se suma a la charla y cuenta la emoción que también produjo en ella la experiencia. Sobre la historia que contó Josefa dice: ”La sentí parte de ella y mía también, eso fue maravilloso”. Soledad fue la encargada de leer en cuento en voz alta frente a un auditorio en la ciudad de Santa Fe donde recibieron la distinción. “Respiré hondo y lo pude leer, lo había leído dos veces, con punto, comas y la acentuación de las palabras. La experiencia fue una maravilla para mí y mis compañeros, por eso agradezco a la seño y también a Josefa por compartir su historia”, dice la alumna de 54 años, mamá de cuatro hijos, abuela de once nietos y asistente del taller de mujeres de la Biblioteca Popular Juanito Laguna.
Mónica quiere tomar la palabra pero le ganan las lágrimas. ”No puedo hablar, estoy muy emocionada”, dice la estudiante que tiene diez hijos, catorce nietos, una bisnieta y según indica la docente, este año logró un avance significativo en el aprendizaje de la escritura.
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Roque y su hermana Josefa se emocionan al recordar la Guerra de Malvinas.
Marcelo Bustamante
El protagonista
Para sorpresa del grupo de estudiantes, el protagonista de la historia se hizo presente ese día en la biblioteca de Martí al 7500, junto a parte de su familia. Si bien ya había estado en contacto telefónico con la docente contribuyendo con la tarea de dar a conocer la verdad histórica, la presencia de Roque y el relato de sus recuerdos hicieron más emocionante el premio recibido.
El excombatiente dice que aunque ya pasaron cuatro décadas del conflicto, solo desde hace tres años puede acercarse a las escuelas a contar su experiencia. “Me costaba mucho hablar, sentía que no estaba preparado. La primera vez fue terrible, me angustiaba, pensaba en lo que había pasado allá, quería contar pero no me salían las palabras”, recuerda.
Para Roque, que el Ministerio de Educación haya propuesto trabajar durante todo el año el tema Malvinas es una buena noticia, para que lo que sucedió con la guerra no se pierda con el paso del tiempo. Reconoce el papel clave que jugó y juega la escuela en sostener la memoria, y afirma: “Solo los docentes y los chicos en la escuela hablan del tema. Si no es por ellos no habla nadie, o sólo se acuerdan el 2 de abril”.
Todos quieren escuchar la historia de primera mano. La profe le pide que cuente y él se anima desde el principio. “Con el servicio militar me tocó ir a Paso de los Libres (Corrientes). El 1º de abril, tipo dos de la mañana nos despertaron a todos, nos mandaron al playón y ahí nos dijeron que había empezado la guerra”, recuerda Roque. En ese entonces tenía 18 años.
Su esposa le pide que cuente sobre el regreso, cuando pararon en Comodoro Rivadavia. “Ese día todo el pueblo estaba afuera esperándonos y nos acercaban pan”, cuenta. Pero lo más conmovedor de su relato tiene que ver con el regreso a la casa familiar: “De Trelew nos llevaron a Buenos Aires, al Regimiento de Patricios. Allí estuvimos una semana, nos dieron de comer para que nos recuperemos y de ahí nos destinaron al regimiento de cada uno, donde nos firmaron la libreta y chau, volvete como puedas”, cuenta Roque, que con lo puesto emprendió el viaje de vuelta, y haciendo dedo con un compañero tardó tres días en llegar a reencontrarse con los suyos en Chaco.
“Roque llegó caminando solo, con semblante triste y 20 kilos menos y con un regreso a escondidas. (...) No era el mismo que se había ido, pero era el Roque. Yo estaba feliz de volver a ver a mi hermano, con 20 kilos menos, pero vivo. Era mi héroe, era el orgullo de mi familia”, dice el cuento distinguido.
La docente Natalia Luque reflexiona sobre este pasaje del cuento, que aunque con final feliz muestra una herida: “No esperaban que volviera y menos de esa forma, nunca recibieron una carta o una nota que les informara que estaría vivo. El cierre de la historia es que él regresa, pero cómo regresa, abandonado a su suerte, vuelvan como puedan, y eso se marca en la historia”.
A los 21 años el excombatiente vino a Rosario en busca de una oportunidad. A la pregunta sobre cuánto le costó empezar de nuevo, responde que mucho: “Nadie te quería dar trabajo”, dice. Durante cinco años vivió de changas hasta que pudo entrar a trabajar en una fábrica.
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El grupo viajó a la ciudad de Santa Fe a recibir el premio del concurso.
La celebración
“La mayoría de este grupo de estudiantes son mujeres y muy combativas, porque se trata de mujeres que siempre la han luchado, sostienen sus familias y hoy se empeñan en asistir a la escuela para aprender a leer y escribir”, dice la docente sobre sus alumnas. Se siente orgullosa de ellas.
En estos días en el Caeba la celebración es por partida doble. En las memorias compartidas por Josefa hay una especie de desentierro colectivo. Esos recuerdos plasmados en el cuento forman parte de la historia de todos y así lo vive el grupo. A lo que se suma el avance en el aprendizaje que pudieron mostrar con la escritura y la lectura del cuento.
A la hora de volcar la historia de Roque en un papel realizaron un trabajo colaborativo. Los alumnos se encuentran en distintos niveles de aprendizaje, por eso quienes se encargaron de la narrativa fueron las estudiantes mas avanzadas, acompañadas por la guía de la docente. “El relato oral de Josefa fue fundamental —afirma Luque— una memoria muy guardada que nunca había compartido con nadie. Y esta vez salió y fue grato para ella”.
El grupo envió el cuento con la sola expectativa de participar del concurso. Hace unas semanas recibieron la noticia que habían sacado la primera mención en la categoría género literario cuento y debían ir a Santa Fe a recibir el premio. El viaje no fue un tema menor, hubo que buscar recursos para concretarlo. Los miembros de la biblioteca jugaron un rol clave y finalmente los directivos del núcleo contribuyeron en llevar a los ganadores a buscar el premio.
El paso por la capital provincial fue toda una experiencia. “Cuando fuimos a recibir el premio uno de los excombatientes que nos recibió contó que había conocido a Roque y ahí la emoción fue colectiva”, dice Luque. A cada alumno le entregaron un diploma de participación, el Centro de Excombatientes les entregó una bandera con las islas y recientemente les informaron que ganaron estadías en un camping en Colastiné.
“Para mí fue muy importante, me llené de orgullo. Primero por la historia que Josefa pudo compartir. También fue importante que a una de mis alumnas le dieran lugar para leer el cuento y fuera escuchada por un auditorio lleno de gente. Ella se sintió muy orgullosa porque lo hizo a la perfección”, dice la docente, y afirma que sus estudiantes están motivados, contentos y le agradecen el acompañamiento. Con el envión que da el reconocimiento la profesora concluye: “El 27 de noviembre es el día de la educación de adultos y vamos a celebrarlo todos juntos”.