educación

La escuelita rodante que invita a jugar en las calles de barrio qom

La Asociación Fijando Miradas trabaja en el territorio con una propuesta pedagógica y lúdica para las infancias.

Sábado 19 de Junio de 2021

El vozarrón de Tomás despierta a un barrio que duerme. La mañana es cálida y hay un par de vecinos asomados en las puertas de sus casas. En la esquina, perros inmóviles como estatuas de barro. No se ven autos a quienes ladrar. Un puñado de pibes juega a las bolitas en un clarito de tierra que hay frente al salón de usos múltiples (SUM) pegado al centro de salud del barrio qom de Juan José Paso y Sabín (ex Travesía).

“Ponete bien el barbijo que ya arrancamos”, le dice Serena a Santiago, uno de los nenitos del grupo. Apenas pasaron las 10 y el profe Tomás Eder encabeza la marcha por las calles del barrio. “¡Buen día, buen día a los amigos de la escuelita! ¡Buen día, buen día, vamos a jugar!”, grita el docente. A su lado van Antonella, Tomás, Giuliana, Lucía, Javier, Carolina y Serena, un grupo de profesionales de distintas disciplinas que integran la Asociación Civil Fijando Miradas, y una bicicleta azul de tres ruedas y estructura enrejada de metal decorada con banderines de colores y un cartel blanco al frente que dice “La Escuelita Rodante”. La bici avanza lenta por calle Dominicana y luego dobla por Reconquista, mientras desde la parte trasera un reproductor de música suena a tope la canción Arco Iris, de Topa.

Escuelita Rodante en el barrio Qom

La propuesta arrancó en abril pasado y consiste en llevar en la bicicleta algunas actividades lúdicas pensadas para las infancias del barrio. En el recorrido hace cuatro paradas en distintas esquinas, para trabajar con la modalidad de burbujas. A medida que avanza la bicicleta por calle Reconquista van saliendo los nenes y las nenas de la cuadra. Apenas llegan a cada posta, la Escuelita Rodante recibe a cada chico y chica con una taza de mate cocido caliente y galletitas. Después llega el tiempo de jugar libremente en cuatro postas lúdicas: pequeños pizarrones con tizas de colores, pelotas de papel para embocar en tachos, instrumentos de percusión y un jenga gigante. Son propuestas, pero cada uno decide cómo interactuar con esos elementos.

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El jenga gigante es una de las atracciones que más convoca a los nenes.

El jenga gigante es una de las atracciones que más convoca a los nenes.

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Un grupo de nenas se divierte con los pizarrones y las tizas, en una de las postas que propone Fijando Miradas.

Un grupo de nenas se divierte con los pizarrones y las tizas, en una de las postas que propone Fijando Miradas.

En total son unos 20 o 30 minutos de juego en el lugar —el tiempo es libre—, para luego levantar todo y seguir la marcha. Algunos nenes los acompañan en la travesía. “Así podemos verlos jugar y escucharlos sin que se junte mucha gente. Para no perder el contacto con ellos”, dice Tomás. Mientras el profe despierta al barrio, de las casas van saliendo chicas y chicos que se arriman y forman un enjambre en torno a la bicicleta. Parece una escena de la película La Strada, de Fellini. Solo que esta vez no es un circo ambulante el que atraviesa las calles de tierra, sino una escuelita ambulante que invita a jugar.

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Encuentro cercano

Tomás Eder es profesor de educación física y secretario de Fijando Miradas, una Asociación Civil conformada por docentes y profesionales de distintas disciplinas que desde hace doce años trabajan en este territorio del norte rosarino. Antes desarrollaban sus actividades con otras formaciones y desde hace un año y medio al cobijo de esta asociación. “Este espacio —dice— se creó para tratar de modificar cuestiones con las que no nos sentíamos cómodos. Y tenemos un nombre que nos define, porque intentamos ver la cara de esas infancias que muchas veces nos preocupan y todo el tiempo buscamos encontrar soluciones a sus problemas. Fijando Miradas tiene un sueño, una realidad y una propuesta”.

Su arribo al barrio hace más de una década coincidió con una serie de suicidios de adolescentes, una situación por demás de compleja vinculada al consumo problemático de sustancias. Un drama también común en otras zonas de la ciudad. Fue así como este grupo de jóvenes decidió comenzar a trabajar para acercar actividades y propuestas pensadas para la primera infancia y la adolescencia. Para animarse a pensar colectivamente otro presente, otro proyecto de vida.

Gastón Schiavonne es docente y presidente de la asociación, que integran psicopedagogas, profesores de educación física, una fonoaudióloga y una estudiante de psicología. La otra pata —“el orgullo de nuestra organización”, dice Eder— son el grupo de adolescentes que participaron cuando eran niños en distintas actividades, y que hoy los acompañan y aportan su mirada para pensar propuestas a realizar en el barrio con los más chicos. “El año pasado nos veían que íbamos, empezaron a preguntar que estábamos haciendo, les comentamos y armamos un espacio que se llama Nexo Joven, que tiene que ver con sus preocupaciones. Ellos viven el día a día en el lugar y tienen mucho más claro que nosotros las necesidades del barrio”, describe Eder.

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El recorrido de la Escuelita Rodante arranca con el desayuno, sigue con los juegos por el barrio y culmina con el almuerzo, que don Quintana y el colombiano Cristian cocinan en el SUM para que cada chico y chica se lleve un contenedor con comida a su casa. El SUM del barrio en el que —hasta antes de la pandemia— se celebraban desde cumpleaños de 15 hasta velatorios. Decorado con globos, es el sitio que la asociación civil utiliza para preparar la comida y las actividades para las infancias.

La bicicleta azul es una herramienta reciclada para la ocasión. En realidad surgió de un proyecto del senador Marcelo Lewandowski, que entregó esas bicicletas comunitarias para jóvenes que realizaban tareas de reciclaje. De allí la estructura trasera para llevar cartones y papeles. Como uno de esos adolescentes está realizando otra tarea Fijando Miradas la reacondicionó. Decorada con los banderines, globos, el cartelito en el frente y cargada con juegos y música, la escuelita sale a rodar los martes y jueves por la mañana al encuentro de los chicos y chicas del barrio. Durante este tiempo de mayores restricciones a la circulación y sin presencialidad en las escuelas, debieron poner un freno a las actividades lúdicas pero no a la presencia en el barrio. Siguieron yendo cada día para acompañar a esas infancias, desde el alimento y el afecto cercano. Tan necesario en este tiempo de distanciamiento social.

Gabriela y Yose son dos de la nenas que participan del espacio. Yose lleva puesto un barbijo con la estampa de las muñecas Lol y por encima del tapabocas se asoma una mirada que revela entusiasmo. Pasa de un juego a otro. Se divierte. “Los nenes y las nenas que se acercan a jugar son muy chicos, incluso hay criaturas que vienen con sus padres o hermanitos”, dice Tomás.

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Los chicos y chicas se acercan a jugar y dibujar en burbujas y con cuidados.

Los chicos y chicas se acercan a jugar y dibujar en burbujas y con cuidados.

Mientras los chicos juegan los profes se meten en los pasillitos de un asentamiento para ir a buscar a los que faltan. Los llaman por sus nombres. Hay plena confianza de las familias en ellos. El diálogo con las madres es permanente y cercano. De esas recorridas sale un conocimiento de la cotidianeidad de los chicos, cómo viven, en qué condiciones y en qué los pueden ayudar.

La tercera posta se arma en pasaje San Gerónimo y Reconquista, y mientras chicos y grandes juegan en la esquina, Daniela pasa con su bebé en cochecito y saluda al profe. Después se acerca al reportero gráfico de La Capital y señalando a su bebé cuenta: “A él le puse Tomás por el profe, porque lo conocemos desde hace años que viene por acá y lo queremos mucho”. Su hija de 8 años es una de las que hoy asiste a la escuelita de Fijando Miradas.

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El acompañamiento de los profes es clave para sostener el vínculo.

El acompañamiento de los profes es clave para sostener el vínculo.

Educación libre

Detrás de la propuesta de Fijando Miradas hay una apuesta pedagógica, que se enlaza con un trabajo en red con el centro de salud y con las instituciones educativas que están en el territorio: la Escuela Bilingüe Nº 1.344 Taigoyé, la Nº 661 Nicasio Oroño y la San Juan Diego. El jardín de esta última se encuentra bien enfrente del SUM desde donde parte la Escuelita Rodante.

Giuliana Trivisonno es psicopedagoga, coordina el espacio de infancias y explica que la apuesta didáctica trabaja sobre las bases de la educación libre. “Queríamos profesionalizar más el espacio y teniendo en cuenta las necesidades del barrio, el contexto y las condiciones edilicias para trabajar, nos pareció que esta corriente de la educación era la indicada para poder implementar. Y se la llama libre porque se basa en crear diferentes espacios para que los chicos y las chicas elijan libremente a qué jugar, y el rol de los acompañantes es estar ahí, no direccionar la actividad sino poder acompañar desde el respeto e incentivando el aprendizaje con otros, entre pares”, explica la psicopedagoga. Ese espíritu que describe Trivisonno se ve en cada posta. Como la de las tizas con pizarrones, donde mientras algunas nenas y nenes dibujan en esos cuadrados negros, otros se ponen a jugar al ahorcado sobre una pared o a un ta-te-ti que trazan sobre la vereda. “Les damos las herramientas pero para que ellos hagan lo que quieran”, dice Serena, otra de las psicopedagogas que integra el espacio.

Pero las propuestas van mutando en función de las necesidades del barrio y la dinámica de la pandemia. En marzo pasado arrancaron con dos espacios: uno en el SUM del barrio con actividades más artísticas y otro al aire libre vinculado a lo deportivo. Ambas acompañadas por recorridas casa por casa. “Con las restricciones tuvimos que modificar la propuesta, es un desafío de todos los días, porque venimos y las necesidades van cambiando constantemente”, agrega Giuliana.

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Serena acompaña a quienes se acercan a jugar libremente con percusión.

Serena acompaña a quienes se acercan a jugar libremente con percusión.

En cuanto a la Escuelita Rodante, dice que la idea de partir de una propuesta lúdica que responde al convencimiento de que desde el juego los chicos aprenden. “Nuestro mayor objetivo —dice Trivisonno— es darle continuidad a los espacios de aprendizaje desde lo lúdico, lo creativo, sosteniendo los vínculos afectivos. Pero sobre todo también generar emociones positivas en los chicos. Ellos tienen una necesidad muy grande de poder jugar y por eso necesitamos del trabajo entre todos para poder garantizar los derechos a los niños y niñas del barrio”.

De golpe llegan dos hermanitos y se suman al grupo. Nicolás tiene 9 y Cristian 7. En mayo —cuando la presencialidad así lo permitió— entraron por primera vez en sus vidas al salón de clases de una escuela del barrio. “Fijando Miradas —dice Tomás Eder— tiene que ver con lo pedagógico y lo didáctico, en una buena relación con las escuelas del barrio. Porque procuramos que se relacionen directamente con el Estado a partir de las escuelas, y poder trabajar en conjunto con ellas para que esos niños que quedan afuera del sistema puedan ingresar. Eso es todo para nosotros y cuando pasan estas cosas es un orgullo bárbaro, porque es el fin de nuestro trabajo”.

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