A días de asumir, el gobierno de Javier Milei comenzó a impulsar profundas reformas en las que el sistema educativo no quedó afuera. En todos los casos, las iniciativas de cambio se hicieron por doble vía: proyecto de ley “ómnibus” y Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU). En ambos documentos, una propuesta en materia educativa llamó la atención y disparó el debate. Se estipulaba que “los estudios a distancia híbridos como alternativa a la educación presencial a partir del segundo ciclo del nivel primario para menores de edad, jóvenes y adultos, podrán impartirse en las distintas modalidades educativas”. Una disposición que hizo ruido por abrir la puerta a la posibilidad del homeschooling (educación en casa). Una práctica muy extendida en países como Estados Unidos, donde las familias sostienen fuertemente la potestad en la educación de sus hijos, al punto de promover la desescolarización de las infancias.
Los cuestionamientos a esta propuesta gubernamental condujeron al secretario de Educación, Carlos Torrendel, a anunciar modificaciones en la redacción de la norma. Y el 22 de enero se remitió las modificaciones al proyecto de Ley de Bases y Puntos de Partida. Al presente, el artículo 550 estipula que “los estudios a distancia para jóvenes y adultos sólo pueden impartirse a partir del ciclo orientado del nivel secundario. Los estudios híbridos podrán desarrollarse a partir del segundo ciclo del nivel primario en las distintas modalidades educativas, siempre de forma adicional a la educación presencial obligatoria mínima de cada año y modalidad, para materias extraprogramáticas o situaciones excepcionales que impidan el desarrollo curricular de forma presencial. Estas alternativas y su implementación serán reguladas en el marco de los acuerdos del Consejo Federal de Educación”.
Si bien la propuesta originaria fue revisada, La Capital dialogó con especialistas para comprender de qué se trata el modelo de “educación en casa” ponderado desde el origen por la nueva administración, y cuáles son sus implicancias. Los educadores Nelson Abaca y Carina Cabo, reflexionaron sobre los impactos que podría tener en el país el desarrollo de este modelo, e indicaron en qué situaciones consideran útil desarrollar la modalidad de homeschooling.
La potencia de la escuela
La doctora en Educación Carina Cabo sostiene que la escuela forma a niñas y niños en conocimientos, habilidades de pensamientos, comunicativas y sociales, y que el homeschooling debería estar muy bien sustentado y planificado para poder cumplir con todas estas expectativas. “¿Cómo lo vamos a implementar, será para todos los niños desde el segundo ciclo? ¿Los papás están preparados para esto, contratarían a un docente?”, interpela la especialista y agrega: “Hay una serie de criterios que debería acompañar esta disposición para que el homeschooling pueda avanzar hacia lo que intenta hacer la escuela, que es igualar y darles a todos las mismas oportunidades”.
Cabo pondera el trabajo docente e indica que la pandemia dejó claro que enseñar es una tarea especializada que no puede realizar cualquiera. “Aprendimos que la escuela no solo enseña contenidos sino también a estar con otros, en la escuela se enseña empatía, compromiso, responsabilidad y una serie de habilidades sociales, afectivas y comunicativas. Se aprende normas, pautas de convivencia y de cooperación. La escuela también enseña límites, algo que muchas veces los padres no pueden implementar, y eso le permite a los chicos autoregularse y manejar sus propias emociones. Los niños y niñas no solo aprenden de sus docentes sino también de sus compañeros y de allí la maestra puede construir un saber colectivo. Aquí es donde vemos la gran potencia educativa de la escuela, en el aprender a través del otro y con el otro”, afirma.
Aun así, la docente reconoce que esta modalidad de educación a distancia es de utilidad en situaciones especiales. Por ejemplo, contempla los casos de niños y niñas que estén enfermos y necesiten ser internados, o en el caso de que padres y madres viajen mucho y necesiten que sus hijos los acompañen. Situaciones en las que la educación en casa puede presentarse como una solución.
Por su parte, el maestro y docente universitario Nelson Abaca, apunta al trasfondo ideológico y económico que tiene esta propuesta. “Ideológico porque se basa en la idea de individualismo, de niños fuera de la idea de socialización y sobre todo desconoce la función cívica, ciudadana y social que genera ir a la escuela. Y económico porque para tener educación en casa, se debe contar con las necesidades económicas básica satisfechas, luz, cloaca, agua, internet, comida, entre otras”, sostiene y destaca que este modelo, aun sin estar clara su regulación, acentuaría las diferencias sociales y las situaciones de vulnerabilidad de muchos niños y niñas.
Al igual que Cabo, Abaca destaca la potencia de la escuela en el desarrollo de las infancias, y sostiene que el modelo de homeschooling restringe la posibilidad de los niños de socializar, crecer con sus pares y aprender no solo de los docentes sino también de sus compañeros y amigos. “La pandemia demostró los problemas de salud mental que produjo tener a los niños aislados en sus hogares. El espacio de la escuela les permite a los niños y a los jóvenes tener un lugar propio, sin la mirada de sus padres, esto produce crecimiento, independencia y autonomía”, indica y se pregunta: “En el caso de los niños y adolescente con discapacidad que requieran de profesionales que los acompañen frente a la implementación de homeschooling, ¿cómo funcionaría?”
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Hacia la hibridez
El pasado 11 de enero, en el plenario de comisiones en el que se debate el proyecto de ley presentado por el gobierno nacional, el secretario de Educación, se vio obligado a aclarar algunos aspectos de las reformas propuestas en materia educativa. En el caso de la educación a distancia, explicó que la cuestión clave está en la hibridez, y sostuvo la importancia de complementar la educación presencial con instancias de educación virtual.
Al respecto, Cabo se pronunció a favor: “Estoy absolutamente de acuerdo con la hibridez, creo que es posible, es viable, pero hay que garantizar que todos los chicos tengan acceso a internet, que todos tengan una computadora y un teléfono en su casa”, indicó, y recordó que durante el confinamiento que impuso la pandemia, se vio muy claramente cómo aquellos sectores que tenían acceso a ciertos materiales podías seguir estudiando y aquellos en situación de vulnerabilidad no pudieron hacerlo.
La docente destaca la importancia de garantizar la apropiación de tecnología por parte de los estudiantes, y que los docentes no solos sepan utilizar tecnología sino también enseñar con ella. “A través de la tecnología podemos fortalecer esas habilidades del pensamiento que son analizar, sintetizar, describir, definir, comparar, y esto también se aprende en la escuela”, destaca.
Por su parte, Abaca sostiene que la tendencia es dotar a las escuelas y a la sociedad de herramientas para educar con matices, presencial y virtual, donde la hibridez se abra paso. “Esto es muy común en la educación superior y estaría interesante proponerlo en el ciclo orientado de educación secundaria –indica– con la salvedad que la regulación y la metodología seguiría en manos de las instituciones educativas”. En su análisis de los debates presentes, el docente concluye: “Mas allá del homeschooling que es una propuesta para muy pocos, creo que lo que se esta poniendo en tensión es si se sostiene una educación integral, permanente y de calidad, con igualdad, gratuidad y equidad educativa, respetando la obligatoriedad desde los 4 años hasta el final de la secundaria. Y sobre todo cuanto es el presupuesto destinado a la educación que la Ley de Educación Nacional establece un seis por ciento del PBI”.