Algunas familias prefieren que los niños y niñas comiencen a transitar su recorrido en un jardín maternal. Otras optan por jardines de infantes hasta los cuatro años, mientras otros inician su recorrido directamente en la escuela desde edades tempranas. En esta instancia de elección se ponen en juego un sinfín de decisiones: desde las características de la institución elegida hasta las dudas y temores acerca de lo que se considera "mejor" según las tendencias en educación, las necesidades familiares e individuales.
El comienzo de la escolaridad compromete a las familias y a las instituciones educativas, de acuerdo al formato elegido. Tomar decisiones en este sentido representa una gran responsabilidad que implica una connotación "a futuro", no solo por todo lo que implica la elección de una institución, sino también para que la misma guarde un sostenimiento en el tiempo.
En el nivel inicial los niños y niñas comienzan a interactuar con pares y docentes, desde la integración de espacios y tiempos en un marco institucional que van incorporando en forma progresiva, se identifican con otros y con escenarios nuevos y definidos respecto a los ya vivenciados en sus hogares. Las familias sienten cierta incertidumbre acerca de cuál es el jardín o escuela más adecuada para sus niños y niñas. La cercanía al hogar, la cultura institucional, la iniciación en el aprendizaje de idiomas, las ofertas de horarios extendidos y la variedad en cuanto a talleres extracurriculares en cada establecimiento, son elementos que se entrecruzan en la elección.
La organización del nivel inicial, más allá de sus formatos, abre las puertas de sus espacios "salas" con amplios conocimientos, con docentes comprometidos con su tarea, quienes planifican acciones diarias que favorecen la incorporación de cada uno de los integrantes a un "grupo" que se conformará de acuerdo a las diferentes individualidades respetando los tiempos de cada uno.
"El rol de las familias será vital para acompañar la tarea educativa del jardín"
Nuevos adultos referentes (docentes) serán los representantes de cada sala en donde cada uno de los integrantes irá tomando los espacios como propios, identificando elementos y objetos característicos del jardín que brindarán conjuntamente con las actividades propuestas, su propia vivencia acerca de qué es "el jardín". Para ellos es muy poco probable poder tener representaciones acerca de qué significa "ir al jardín" hasta que lo experimentan en forma directa. Los nuevos espacios y escenarios lúdicos que los docentes propongan para cada jornada, sin dudas ayudarán a la integración del grupo,de acuerdo a los intereses individuales y participación, no de manera lineal ni mucho menos obligada, sino con un deseo de conformar el grupo a través de las actividades y vivencias compartidas, con los materiales en su más variada diversidad y sabiendo que hay "un otro" formando parte de ese espacio compartido.
El rol de las familias en este sentido, papás y mamás, o quienes estén a cargo del cuidado en cada hogar particular, será vital para acompañar la tarea educativa del jardín. Más allá de la elección de la institución, con un fuerte compromiso de su rol en la tarea educativa, como primeros eslabones en la crianza y sostenimiento de los niños en la escolaridad. La actitud de cada grupo familiar influirá en la integración de cada uno de los niños y niñas en este espacio compartido, sosteniendo y andamiando los momentos personales que cada uno y cada una vayan transitando.
De acuerdo a las características de cada grupo, y con el transcurrir del año, los integrantes sienten que el jardín "les pertenece" y que conjuntamente con sus docentes, forman parte de los proyectos y resoluciones grupales. Son los papás y mamás quienes habilitarán a los niños a "formar parte" del grupo, a conocer y tomar como referentes a los docentes y a construir su camino en la escolaridad de manera segura, alegre, en un espacio de aprendizajes y juegos compartidos. Ayudar a reflexionar, propiciar que los niños y niñas expresen sus sentimientos, comprender su voluntad y aceptar sus temores según los ritmos personales, así como estimularlos para la resolución de problemas, son algunos de los desafíos que se proponen desde el nivel inicial, teniendo en cuenta las perspectivas educativas actuales, que implican renovar la mirada ante cambios vertiginosos, en donde la escuela ya no es la fuente de información y conocimiento que fue durante siglos, sino un espacio de aprendizaje conjunto y de resolución de problemas, que intenta atender a los tiempos individuales de aprendizaje, y a comprender el derecho de todos a aprender a su propio ritmo.
Las familias actuales son quienes se enfrentan al mayor desafío que tenemos como referentes parentales y educadores actuales: educar para una sociedad que desconocemos cómo será, pero que estamos construyendo. Cuánto mejor es poder hacerlo en forma conjunta, compartiendo responsabilidades y respetando los espacios de aprendizaje y participación.