Los vecinos que son víctimas de una obra en construcción, generalmente, no tienen otro camino que caer indefectiblemente en juicios contra las empresas constructoras para defender sus legítimos derechos, por la inercia y ausencia de quienes deberían ejercer el debido control, agregando a todo lo sufrido por daños materiales y morales durante varios años otro padecimiento más: esto es, interminables situaciones jurídicas que suponen una pesadilla más, los "laberintos judiciales" y los mal llamado "tiempos procesales", esto es, otra inercia más, la judicial, que supone tediosas y demoradas audiencias, que después de muchos meses, años, cuando finalmente se llega a una sentencia favorable, éstas son apeladas y así continúa pasando el tiempo, los daños producidos empeoran y ni hablar del "calvario" de la víctima de estos atropellos. Párrafo aparte son los peritos judiciales, al menos los que me han tocado en suerte, que al inspeccionar los daños elevan informes más que sintéticos manejando sumas absurdas para los arreglos y, finalmente, cuando se logra una sentencia favorable al demandante, los abogados de las constructoras apelan estos fallos, pretendiendo llegar a un acuerdo de partes para bajar la indemnización debida, reduciéndola en la mayoría de los casos a montos irrisorios e injustificables. Reitero: a la impunidad de la que gozan hoy las constructoras en general por ausencia de los debidos controles y sanciones municipales, (más de 3.600 construcciones y sólo 60 inspectores), se suma un sistema jurídico moroso, saturado e impredecible, que puede fallar contra la víctima de tal atropello y/o hacer lugar a las apelaciones de los victimarios, que continuarán impunemente con sus atropellos con otros vecinos, en otras obras. Sí, acertó, soy una de tantas víctimas de una constructora local que ha debido soportar desde la demolición del edificio lindero con mi modesta vivienda, la excavación y preparación irresponsable del terreno que afectó seriamente los cimientos de mi casa durante más de un año, dejándolos a la intemperie, sin apuntalar ni realizar las debidas protecciones de material alguno, que pudo derivar en el derrumbe de mi pared, agregando a esto los sucesivos y graves deterioros productos de la construcción, que aún padezco sin reparación durante 15 años créase o no. Preso aún del "laberinto judicial" al que debí recurrir inevitablemente con resultado a la fecha incierto, hago público este padecimiento con la ingenua idea que algún día, los controles y las correspondientes sanciones que debe realizar y aplicar el municipio sea eficientes y que la responsabilidad que le cabe a nuestros representantes responda finalmente a las necesidades y protección de los habitantes de esta ciudad.



























