En la cadena interminable de robos existente en Argentina, donde pareciera ser que cada ciudadano tiene unos cuantos malhechores asignados y donde hay robos para todos los gustos, hay hechos que precisan ser vistos para ser admitidos porque, de otra forma, se los consideraría productos de la fantasía. Uno de ellos es el que fui testigo ayer a la mañana, mientras esperaba ser atendido en una relojería. Llegó un señor septuagenario a retirar un reloj que le habían reparado y al enterarse que el costo del arreglo era de 85 pesos, dijo que si sabía que ése era el costo del arreglo, lo habría tirado en vez de haberlo hecho arreglar. Entonces, un señor que se hallaba en el lugar, le sugirió venderlo. Por lo que, al instante, le dijo "te lo vendo a vos ¿cuánto me das?". El hombre le pidió al relojero que fijara un precio y, entre los tres, convinieron en 200 pesos, aparte del costo del arreglo. Así las cosas, el comprador le dio los 200 al vendedor y éste apenas los recibió salió a la calle casi corriendo para retirarse del lugar. Al ver esto, el relojero y el comprador lo llamaron para que pague el arreglo, porque así habían convenido, pero el hombre no hizo caso a los llamados, hizo un gesto con la mano, subió a su auto y se fue. Por lo que, finalmente, el comprador salió pagando 285 pesos por el reloj.






























