Cuando éramos chicos sólo espiábamos por el orificio de la cerradura, se hablaba de Mata Hari y lo único raro en el cielo era el avioncito publicitario de Safac. Después vinieron la guerra fría, los servicios secretos, James Bond y los agentes dobles. Por estos días hemos escuchado que el ex espía John Brennan, nominado por el presidente de Estados Unidos para ocupar la dirección de la CIA, ha sido noticia con motivo de su acalorada defensa sobre la legalidad de los Drones (aviones no tripulados para espiar y/o matar). Digamos que el hecho de espiar puede ser motivado por patología sexual, intereses económicos, estrategias bélicas o planes políticos. Creo que en ninguno de estos casos esta acción debiera ser considerada legal, permisible, ética o recomendable. Pero vivimos en un mundo tecnológico que nos recorta la capacidad de asombro a través de videos íntimos que se hacen públicos, satélites fotográficos, cámaras ocultas, publicación de datos privados en las redes sociales, pinchadura de teléfonos y ahora estos avioncitos no tripulados llamados paradójicamente Legal Attack Drones o sea, L.A. Drones cuya utilización en Argentina ya podemos ver en San Isidro instalados con el argumento de ser una parte de la tecnología para la seguridad. En Buenos Aires se habla también de poner cámaras en jardines, geriátricos y escuelas habida cuenta de las recientes noticias de policía. ¿Se evitará el delito y tendremos más seguridad con el espionaje? Si así fuera, bienvenidos los L.A. Drones y cámaras ocultas, pero yo me permito ser un poco escéptico porque estimo que la delincuencia sólo puede disminuir, por supuesto reforzando la previsión, pero fundamentalmente atacando la marginalidad con planes de vida digna y formación de largo plazo. Nixon renunció por espiar a sus adversarios, el Angel de la Muerte esta preso, los servicios de calle San Lorenzo y Dorrego ya no existen y los discos rígidos ahora vienen con candados. Espero que en el futuro no puedan leerme los pensamientos ya que algunos los quiero seguir teniendo como secretos. Por la ventana acaba de entrar un avioncito de papel que probablemente tiró un chico de la calle, revoloteó cerca mío y salió por la otra ventana. No es por nada, pero quiero terminar ya esta carta.































