Diría Mario Benedetti: "No puede ser. Esta ciudad es de mentira. O es de verdad y entonces está bien que me encierren". Pasan los años y los reclamos. Camino por la ciudad y a cada paso noto infracciones, sé que hay ordenanzas, pero ¿alguien las controla? ¿Cómo una simple ciudadana las ve y ellos no? Vehículos sobre veredas, por ende veredas rotas, animales sueltos, vehículos y otras barreras frente a rampas de discapacitados, motoqueros sin casco, taxis que se oponen a la ordenanza de tener el cinturón de seguridad en el asiento trasero "hasta que los ómnibus no cumplan con la misma ordenanza" y mientras tanto, como nenes caprichosos lo esconden tras el asiento. La oposición a los boliches-bus, mientras es más fácil sacar un conejo de una galera que encontrar un taxi. Cuando encuentro taxi tengo que buscar su conductor en el bar de la esquina. Todos los años se dice y se promete que no habrá cortes de electricidad y todos los años saltan fusibles, o como luces navideñas nos cortan y nos tienen de rehenes a los ciudadanos de esa imprevisión ya asumida, y tácitamente consensuada por parte de los resignados ciudadanos. Contaminación visual, acústica y de todos los sentidos. Campañas políticas que no perdonan con pasacalles, pintadas sobre mobiliario urbano dando los que ostentan cargos públicos el "ejemplo". La palabra "excepción" cambió su significado por "generalización". Nos sentimos felices y aplaudimos que no hubo accidentes de pirotecnia, cuando en el pavimento quedaron desparramados sesos de borrachos, imprudentes, decapitados por balas perdidas y se sigue con los fuegos artificiales en cada acto público. Los peatones seguimos siendo fantasmas en esta ciudad dominada por vehículos (algunos manejando con el celular pegado al oído) Postales de una ciudad de mentira. Feliz ¿Año Nuevo?
































