La ciudad chilena de Concepción, devastada por el terremoto, quedó fuera de control ayer sofocada por saqueos, robos y enfrentamientos, lo que obligó al gobierno a ampliar un toque de queda y a reforzar la presencia militar con el envío de miles de infantes de marina.
En la segunda ciudad más grande de Chile, miles de personas sin luz, agua ni alimentos desvalijaron tiendas. Algunos aprovecharon para robar televisores o lavarropas.
"Los saqueadores están más organizados (...) amenazan la ciudad", dijo la alcaldesa de Concepción, Jacqueline Van Rysselberghe, quien solicitó al gobierno el envío de más efectivos de las fuerzas de seguridad para ordenar la ciudad.
EPese a ello, grupos de malvivientes quemaron ayer al menos un supermercado y una tienda por departamentos, mientras que otras personas asaltaron un cuartel de bomberos en busca de gasolina y agua, luego de uno de los terremotos más fuertes de la historia que dejó más de 700 muertos, millones de damnificados y miles de millones de dólares en pérdidas.
Ante los desmanes, el gobierno amplió ayer el toque de queda, que restringe la circulación de personas, desde las 20 hora local hasta hoy al mediodía.
Los incendios cubrían la ciudad con una espesa nube gris, ante la imposibilidad de los bomberos de apagar el fuego por la falta de agua.
"Estos son patos malos. Si ven que no hay comida para qué incendian", dijo una señora que huía de un supermercado, que ya había sido saqueado antes.
La policía arrojó gases lacrimógenos a los saqueadores, mientras que los cuarteles de bomberos sufrían la ira de quienes no lograban obtener provisiones, con golpes a los efectivos y daños contra las instalaciones y camiones.
Desde anteanoche, los saqueos se extendieron también a las viviendas, donde los vecinos intentaban organizarse para repeler los ataques.
"No es aceptable el pillaje y la delincuencia", dijo la presidenta Michelle Bachelet.
En un ambiente de guerra, los militares en grupos de a dos se apostaban en cada una de las esquinas del centro de Concepción.
Los policías cambiaron su uniforme tradicional por cascos y chalecos antibalas, mientras que helicópteros sobrevolaban la ciudad y decenas de tanquetas militares comenzaron a desfilar por las calles.
Las pocas personas que tenían acceso a la distribución oficial de alimentos eran custodiadas por efectivos policiales para no ser saqueadas o agredidas.
"La ayuda del gobierno ha sido lentísima, muy lenta. Los militares recién llegaron ayer y eso no alcanza para controlar la situación. Los vecinos de donde yo vivo se organizaron para defendernos porque están saqueando las casas", dijo Carolina Contreras, una profesora de 36 años.
Cayó un avión. En tanto, seis personas murieron ayer cuando un avión Piper cayó a tierra durante su viaje hacia la sureña ciudad de Concepción, en el sur de Chile, zona azotada por un terremoto este sábado. La aeronave capotó a la altura de Tomé, apenas a media hora de su destino, mientras se dirigía a organizar la ayuda en los albergues habilitados en la zona. Eran dirigentes del partido del electo presidente Sebastián Piñera. (Reuters y DPA)