Escuché decir hace tiempo una gran verdad: “Los argentinos hablan muy ligero y piensan muy despacio”, y al calificar este evento de ridículo u ofensivo, estamos confirmando esa expresión. Lo primero que tenemos que hacer es comprender (no dije aprobar) que los isleños están viviendo “un proceso”. Algo casi igual a lo que vivimos nosotros hace dos siglos (entre 1807 y 1860). En las islas se iniciaron como colonia, en 1982 se les despertó la propia identidad y comenzaron a administrarse por su cuenta. Treinta años después, en marzo, piensan decidir formalmente cual de estos tres caminos habrán de seguir (independientes, asociados a Gran Bretaña o asociados a Argentina). Como el primero se descarta por razones obvias, quedarían solo dos opciones. Conclusión: si este referéndum parece un voto cantado no es por culpa del que lo organizó sino del que se borró. Si hubiéramos seguido haciendo buena letra como venía ocurriendo hasta la década del 70 hoy dicha elección estaría muy reñida. Ahora bien, como dije al principio, era “casi” igual a nuestro proceso ya que les falta un detalle muy importante. Nosotros, como era lo lógico, le pegamos el grito de “libres” a España. Ellos, en cambio, se lo gritan a Gran Bretaña y al resto del mundo. Deberían dirigirse a la Argentina. Al menos estarían en un camino más acertado. Tal vez un día se den cuenta del error y se decidan a hacerlo, aún están a tiempo. En cuanto a nosotros, si entendiéramos esta similitud veríamos que, con nuestra experiencia vivida, somos los más indicados de toda América para asesorarlos de cara a un futuro mejor para todo el Atlántico Sur.































