Con temperatura típica de verano, Ofelia salió como habitualmente lo hacía por las calles de barrio Ludueña a realizar las compras del día, sin tomar nota que sus problemas auditivos le jugarían una muy mala pasada al no permitirle advertir el avance de una formación ferroviaria. Así, los portales de noticias locales comenzaban a dar cuenta de la mala nueva consignando: "Una mujer fue arrollada por un tren". Luego la noticia se confirmaría, mensaje de texto mediante y con un lacónico contenido: "Mirá La Capital on line. a Ofelia la pisó un tren". La bronca, la impotencia, la angustia, la tristeza ganan protagonismo a partir de este lamentado deceso. Ofelia, tucumana de nacimiento, excelente vecina, mejor amiga de quienes tuvieron la oportunidad de tratarla, noble, hacendosa, honesta y solidaria, tuvo un increíble final. A todas esas características también habría que sumarle su consecuente simpatía por el radicalismo, forjada a la vieja usanza: se nace y se muere simpatizando con determinado club de fútbol, se nace y se muere abrazando un ideario político. Así era Ofelia, una ignota radical del barrio Ludueña, de esas a las que el ex rector de la UNR, Juan Carlos Millet, define como "radicales del cuaderno del día de elecciones", esos que al momento de puntear un padrón, sea partidario, académico o sindical, se los tiene como parte segura del proyecto político. Así, elección tras elección, sea interna o general, con orgullo y convicción daba su voto de confianza al partido de Alem e Yrigoyen. Vayan entonces estas líneas a modo de homenaje a Ofelia y a los ignotos afiliados partidarios, que más allá de los "conductores" de turno son los que dan razón a la existencia a los partidos políticos.































