El señalamiento formal que el testigo de un violento robo hizo en una comisaría
precipitó la detención la mañana de ayer de un joven de 18 años que ha pasado toda su vida excluido
y gran parte de ella en conflicto con la ley penal. Se llama Carlos Jesús Fernández pero todos lo
conocen como Pelo Duro, un número puesto en cada hecho delictivo que se cometa en el barri
República de la Sexta. Ahora, según el testimonio, habría estado vinculado con el feroz atraco
ocurrido en una pizzería de Alem 1700 en el que fue baleado en la cabeza el encargado del
local.
De esta manera, Pelo Duro vuelve a estar en una celda a pocos días de haber
salido de allí. Es que los últimos días de enero lo habían apresado por el asesinato de María
Carrizo, una mujer de 31 años a la que el 27 de enero pasado le atravesaron el corazón de una
puñalada cuando iba a una casa donde era empleada doméstica. Sin embargo, por aquel caso el
muchacho fue excarcelado ya que la acusación no prosperó: las dos personas que declararon, aunque
lo mencionaron, no fueron testigos directos del ataque sino reproductores del estigma que persigue
al joven y que lo pone como sospechoso de todos y cada uno de los delitos ocurridos en la zona de
La Siberia.
Uno de los testigos dijo entonces en la comisaría 4ª que, "por comentarios",
supo que las pertenencias de la mujer asesinada habían sido arrojadas arriba del dispensario
ubicado en Esmeralda al 2300. Otro testimonio indicó que en la huerta comunitaria Siempre Verde, de
Viamonte al 100 bis, vecina a la casa de Pelo Duro, podrían estar algunos de los objetos robados a
la víctima. Además, según un pesquisa, había indicios de que el cuchillo utilizado para el crimen
estaba en la zona de Cochabamba y la barranca del río. Hubo rastrillajes policiales en los tres
lugares, pero en ningún caso se encontró nada. Ningún elemento con el cual vincular al muchacho con
el homicidio.
El atraco. Ayer a la mañana, Pelo Duro cayó nuevamente tras las rejas. Con una
orden de allanamiento de la jueza de Instrucción Nº2, Alejandra Rodenas, lo detuvieron en su casa
situada en Viamonte al 100 bis. Ahora le sindican ser uno de los dos jóvenes que la noche del 24 de
enero pasado irrumpieron en la pizzería La Gula, situada en Alem al 1700.
A las 23.30 de aquel día dos motociclistas llegaron al comercio vistiendo
bermudas y usando gorras. Entraron como clientes pero dejaron en claro rápido lo que buscaban. Le
exigieron la recaudación al encargado, Luis Alberto B., de 19 años, quien al parecer se resistió el
atraco y forcejeó con los intrusos. Entonces, los ladrones le asestaron varios culatazos en la
cabeza con un revólver hasta que se escuchó una detonación.
El estruendo puso en fuga a los maleantes, que no se llevaron nada. El encargado
quedó tirado en el suelo con su rostro ensangrentado. En un móvil de la seccional 4ª, y pensando
que sólo de trataba de heridas causadas por los golpes, lo llevaron al hospital Provincial. Allí
advirtieron que el joven tenía en realidad una bala alojada en la cabeza y lo derivaron al Hospital
de Emergencias Clemente Alvarez, donde lo operaron.
En ese centro asistencial le realizaron una tomografía computada que determinó
que tenía alojada una bala dentro de la cavidad craneana y que el proyectil le había ingresado por
el hueso frontal. Los médicos decidieron no retirar el plomo por el riesgo neurológico pero, según
comentaron fuentes médicas, resolvieron la cirugía para limpiar la zona superficial del cerebro y
evitar infecciones.
Acusado. A Pelo Duro la policía le atribuyó la autoría de ese violento suceso
luego de que una mujer que presenció la escena lo reconociera en un álbum de fotografías de la
seccional y en un fotofit. Lo atraparon ayer a la mañana en su casa y una vez más en su vida tendrá
que ir a Tribunales para comparecer ante un magistrado.
Su hisoria de conflicto con la ley empezó cuando era muy chico y, según la
policía, acumuló 28 causas que lo llevaron a pasar gran parte de sus días en el denigrante
Instituto de Recuperación del Adolescente Rosario (Irar). Sin embargo, en abril de 2007, cuando
tenía 16 años, el ex juez Juan Leandro Artigas resolvió restituirlo a su hogar "por falta de un
lugar idóneo donde alojarlo" y "permitir su reinserción".
Antes de que terminara ese año lo volvieron a detener. Le atribuyeron la autoría
de dos violentos atracos a mujeres. Una de las víctimas fue atacada en la playa de estacionamiento
de la Facultad de Arquitectura, la otra en la puerta de su casa, en Chacabuco al 1900. Entonces, a
pesar de las recomendaciones judiciales, volvió al Irar. Ahora tiene 18 años, por lo que su caso ya
no ocupa a juzgados de menores. Está a cargo de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas.