Un comerciante de 65 años fue asesinado ayer al mediodía de un balazo en el
pecho por un hombre que entró con fines de robo a su fábrica de aberturas de aluminio de San Martín
al 3500 y luego escapó en una moto, al parecer sin llevarse nada. El dueño del negocio estaba solo
en el área de atención al público, aunque había familiares y empleados en otros sectores del local.
Uno de ellos alcanzó a escuchar que su jefe lo llamaba por su nombre y, al instante, retumbó el
disparo. Corrió hasta el mostrador y lo encontró herido en el piso del negocio, de donde vio
alejarse a un hombre vestido con ropa de trabajo azul y escapar en una moto tipo Enduro de color
plateado.
Oscar Coletti falleció minutos después, tras ser trasladado en ambulancia al
Hospital Clemente Alvarez (Heca). La bala lo hirió en el pecho y quedó alojada en su cuerpo. Tras
el ataque el comerciante no alcanzó a pronunciar palabra: "Quedó pálido y casi inconsciente entre
el escritorio y el mostrador de atención al público", dijo un oficial de la investigación.
Todo ocurrió pasadas las 11.30 de ayer en el local de fabricación y venta de
aberturas de aluminio Cyada, de San Martín 3556. El negocio está en un sector comercial, a 50
metros del cruce con bulevar Segui y una cuadra al sur del supermercado La Reina. En ese momento
Coletti estaba solo tras el mostrador de la empresa familiar que administraba desde hace 30 años,
en la que trabajan tres empleados.
En una pequeña cocina estaba una de sus hijas, Mariela, de 32 años, con su bebé
de 9 meses y la niñera. En el taller ubicado en la parte posterior se encontraba uno de los
empleados. Los restantes estaban instalando aberturas en una obra céntrica. La policía indicó que,
en ese momento, un hombre que llegó en moto entró al negocio, caminó entre las puertas y ventanas
de aluminio blanco en exhibición y se dirigió hasta el mostrador.
No hay testigos directos de lo que pasó en ese momento, pero se presume que el
sujeto sacó un arma y le apuntó a Coletti, quien quiso alertar de la situación a su empleado.
"José, José", gritó. Desde el taller, el trabajador escuchó el llamado y, enseguida, el disparo.
Cuando llegó encontró al comerciante ya desvanecido y alcanzó a ver cuando el agresor se
retiraba.
Sin testigos. " Ignoramos qué causó la reacción del delincuente, si hubo
contacto físico o si el comerciante se resistió al asalto. El incidente no tuvo testigos", dijo el
jefe de la zona de Inspección 3ª, José Luis Juárez.
La huida del maleante en la moto por San Martín hacia el centro fue presenciada
por cinco comerciantes que describieron el vehículo.
"Me avisaron por teléfono cuando estaba realizando un trabajo de colocación en
una obra de España al 4500. Me dijeron que a Coletti le habían dado un disparo en el pecho en un
asalto. Cuando llegué, ya no estaba. Estoy muy dolido por lo que pasó", murmuró Sergio, uno de los
empleados, para quien la relación con su patrón excedía lo laboral.
"Mi compañero José estaba en el taller, escuchó que Coletti decía su nombre y
después el disparo. Cuando se acerca al frente ve de espaldas a un tipo todo vestido de azul, como
los operarios de Litoral Gas o Aguas Provinciales", narró tras las rejas bajas del local, donde un
hilo de sangre marcó en el piso los últimos pasos del comerciante. El suceso sumió en la
consternación a familiares. "No quiero saber nada", se excusó la hija de la víctima, con la voz
quebrada, cuando luego del deceso de su padre en el Heca regresó al negocio a buscar al bebé.
Los amigos. Oscar Coletti estaba casado y tenía dos hijas. "Era una excelente
persona", dijo sin identificarse un empresario que ayer, en la vereda del negocio, no podía ocultar
su bronca. "Nos conocimos por razones comerciales y terminamos siendo amigos", confió. "Yo lo
conocía de vista. Buen tipo, laburador. Lo veía siempre. Pienso que lo mataron sin motivo", expresó
por su parte Juan Carlos, enfermero de un geriátrico ubicado al otro lado de la avenida.
En los otros negocios de la cuadra recién advirtieron lo que ocurría con la
llegada de los patrulleros y nadie escuchó el disparo, quizás por el ruido intenso del tránsito.
Pero al acercarse al local, algunos presagiaron el triste final: "Fui a ver lo que pasaba y me
quedé afuera, entre la gente. Cuando vi que el hombre tenía unas gotas de sangre en el pecho me
imaginé que pasaría lo peor", contó Héctor, dueño de una agencia de loterías de la cuadra.