Agradezco al laboratorio de productos dietarios de nuestra ciudad que funciona en San Juan al 3100 porque ha tenido un gesto poco común. Mi hijo de 8 años padece un síndrome epiléptico complejo, de difícil tratamiento y manejo, y a raíz de algunas publicaciones leídas encontré la posibilidad de mejorar su calidad de vida consumiendo omega 3 (de origen animal). Luego de consultarlo con los profesionales que lo atienden y con su consentimiento, comencé a mandar mails a muchos laboratorios, para saber el origen de los omega 3 (vegetal o animal) y cuál era la cantidad que contenían en su interior las cápsulas, que están preparadas para un público adulto. Algunos contestaron, muchos no, pero uno en particular se ofreció para que sean los médicos los que dijeran cuál era la dosis diaria que Emanuel debía recibir, de acuerdo a su edad, su talla y su peso. Y ellos se la encapsularían para él. Y así lo hicieron, con una actitud que, entre tanto egoísmo que nos rodea, los enaltece aún más. Por eso, por regalarle a mi hijo esta oportunidad de mejorar su día a día, por poner por delante de lo económico el bienestar de un semejante: muchísimas gracias, ojalá nos sirva este ejemplo a todos, porque todos en mayor o en menor medida podemos hacer que alguien se sienta un poquito mejor.
































