El jueves 23 leí en este diario una noticia que me dejó desconcertada: un juez de sentencia dejó sin reproche penal a un remisero que adquirió un auto sin motor en un desarmadero y por cuestiones de costo decidió colocarle el chasis de otro vehículo de su propiedad, adquirido en otra época de forma irregular, al recientemente comprado. De esta manera podría trasladar personas a cambio de una tarifa. Supongo que presta un servicio regulado pero sin poseer la habilitación municipal pertinente. El juez dio a lugar al pedido de la defensa y decidió archivar la causa por “lo insignificante del delito”, y hace algunas comparaciones absurdas para avalar su decisión (robo de un fósforo), que nada tienen que ver con este hecho. Un delito es un delito y merece sanción, el magistrado debe usar su conocimiento y experiencia para graduar la pena, no para dejarla sin efecto. Indudablemente el remisero es el último eslabón de una cadena delictiva que comienza con el robo de vehículos, pero es parte de misma, y si no se condena esta situación lo único que se logra es fomentar la compra irregular de rodados y el incumplimiento de la ley. Señores jueces en nombre de los ciudadanos que todos los días luchamos por una sociedad mejor, más justa, menos violenta. Piensen bien antes de emitir un fallo de esta naturaleza, piensen en las repercusiones que el mismo tendrá. Con esta sentencia el juez Carlos Carbone ha sentado un mal precedente. Si los juzgados están atiborrados de expedientes ésta no es la forma de descongestionarlos, ni de mejorar el tan vapuleado sistema judicial.



























