La carta destacada de Federico Wacker del día 23 de septiembre titulada "Maestros, ¿no se les está yendo la mano?" es de una desconsideración inusitada respecto de la problemática docente que se presenta hoy. Le recomiendo a este señor leer la mía (El trabajo docente) de la misma fecha, de la que podría aprender más de una cosa antes de preguntar con tanta liviandad: "¿Por qué no renuncian si no están conformes?". El señor Wacker entiende las luchas en términos de renuncia y la problemática a nivel de su situación de padre de un alumno de 5º, no tiene otro vuelo. Pero así y todo acierta en el deseo de realizar una manifestación de padres, sólo que debería dirigirla hacia el Ministerio de Educación que es quien castiga a los docentes con su política, para que se haga cargo de los compromisos asumidos en paritarias, para que deje de mostrarnos como los responsables de los paros que son absolutamente justos, tanto que no casualmente encuentran a Amsafé Y Sadop unidos en los reclamos. Wacker ejemplifica con la maestra heroica que hacía kilómetros a lomo de mula; y yo le pregunto si él concurriría a trabajar en las mismas condiciones que las que había para los trabajadores en aquellos tiempos. La vocación no está ligada al heroísmo, sino al ejercicio de una tarea para lo que el trabajador se ha preparado; pero no significa regalar la labor en ningún caso. Wacker confunde la vocación del magisterio con las maestras que cabalgan para ir a trabajar, lo que resulta -a mi entender- sencillamente absurdo como razonamiento; eso no es vocación, es atraso, precariedad y sacrificio físico. Por útimo, apela con una pregunta que propone a los docentes renunciar si no acordamos con las condiciones que están dadas; y yo le respondo: no renunciamos porque renunciar a la lucha por una justa causa es un acto de cobardía y la historia de los logros fue y será siempre la que escriban los valientes.































