En estas columnas, que son de obligada e imprescindible lectura de todos los días, los lectores nos brindan infinidad de temáticas, incluso fábulas y notas científicas. Contribuyo con un breve aporte. La nota relata el quehacer habitual de un abejero, dejando clarificado que si el proceder de las abejas en ese ámbito es similar a otros tipos de colmenas es pura coincidencia y casualidad. El colmenar en cuestión es dirigido por una reina y los zánganos, cuya relación entre ellos es casi sagrada, se intercambian beneficios y labores, siempre con sus derechos exclusivos para comer de la mejor selección de la elaborada miel real. También participan en el colmenar principalmente las abejas obreras y obreros trabajadores, que se abocan exclusivamente al proceso de fabricación, mientras la reina y sus zánganos se dedican a pasarla bien, en cuanto a los que trabajaron y aportaron en todo el lapso de su vida, lamentablemente con el transcurso del tiempo se transforman en estorbo para ese modelo y son condenados con el veto al ochenta y dos por ciento, quedando reducida su porción de miel, que por ley le correspondería, reemplazando esa compensación, fruto de lo que aportaron, con una mísera gotita de miel pero, con sabor a hiel para acompañar su amargura.


































