Esta nota es un homenaje a los argentinos de mi generación. Fuimos la mano de obra imprescindible para echar a rodar la incipiente industria nacional durante la segunda mitad del siglo pasado. Actualmente, tres millones de estos jubilados subsisten en forma indigna a través del aborrecido"haber mínimo". No puedo desde este lugar más que protestar contra tamaña injusticia: es una bofetada al rostro de quienes dedicaron más de treinta años de su vida al trabajo duro, sin límites horarios, sin equipamiento, faltos de instrucción y experiencia. No nos olvidemos que no existía aún la industria nacional. Recibíamos la parafernalia importada desde diferentes países: automotores, camionetas, camiones, ómnibus, sistemas para fabricación textil, convoyes de trenes y locomotoras a vapor, motores para tranvías, maquinaria agrícola desmontada, instalaciones frigoríficas, fábricas de neumáticos, equipos para la construcción y/o tendido de rutas, equipos marítimos. Todo debía montarse, repararse en el país y funcionar sin fallas. Frente a ese desafío se fortalecieron los espíritus de hombres y mujeres trabajando codo a codo, nos transformamos en artesanos brillantes y nos obligábamos a exprimir nuestra inteligencia e imaginación para resolver problemas prácticamente insolubles. Así hicimos marchar los vehículos y máquinas que dejaban de funcionar por roturas o falta de piezas originales. El genio e ingenio del trabajador nativo sustituía piezas originales por elementos de su creación. No permitíamos que los servicios dejaran de brindarse o que los establecimientos suspendieran su producción. Trabajábamos sin hacerle asco a ninguna tarea, sin importarnos horarios ni esfuerzos. Igualmente, nos alcanzaba para completar el ciclo secundario y la facultad nocturna. La casa propia se construía un poquito cada domingo. Prodigo un fraternal abrazo a quienes resultamos protagonistas indiscutidos de esos gloriosos tiempos. Queridos mayores: si fuimos capaces de salir airosos en esa exigente prueba es porque teníamos y aún tenemos una fibra especial que nos permitirá vivir por mucho tiempo. Dios así lo quiera.
































