El 21 de septiembre se jugará en la cancha de Richmond el Encuentro de Rugby por la Paz, un partido organizado por la ONG Rugby Sin Fronteras que jugarán destacadas figuras mundiales junto con veteranos de la guerra de Malvinas, tanto argentinos como ingleses, quienes se comprometieron a transmitirle al mundo un mensaje superador, demostrando que el deporte va más allá de todo tipo de barreras políticas e ideológicas. Uno de ellos es el rosarino Federico Pucciariello, hombre del Jockey Club que jugó además en Italia, Francia, Inglaterra e Irlanda. El marco no podía ser mejor, en Inglaterra, en pleno Mundial y en el Día Mundial de la Paz.
Este Encuentro de Rugby por la Paz, que tiene la bendición del Papa Francisco, comenzó a gestarse en 2012, precisamente en las islas Malvinas.
“La idea era jugar un partido en Malvinas con gente del lugar. El viaje a las islas, el cuarto ya de la fundación, coincidió con los treinta años del conflicto y fue, emocionalmente, el más fuerte, porque al cumplirse el aniversario de la guerra hubo una confrontación política muy fuerte entre Argentina y el Reino Unido con respecto a la soberanía”, relató Pucciariello para ir metiéndose de a poco en la historia.
“El recibimiento fue muy hostil. No quisieron jugar con nosotros. Fue la primera vez que no logramos jugar con alguien en las islas. Cuando llegamos al aeropuerto nos enteramos de que no teníamos hotel porque el que habíamos reservado no nos quiso alojar y nos teníamos que arreglar en una base militar. Después una chilena nos alojó en dos break & breakfast. La mitad durmió en el piso en bolsas de dormir y pudimos acomodarnos para estar una semana, ya que el vuelo hacia el continente sale cada siete días”, continuó el ex primera línea bicampeón de Europa con el Munster irlandés.
“Fue una experiencia rara. Como argentino sentí, por primera vez en mi vida, que no nos querían. Viajé y estuve en muchas partes del mundo y te puedo asegurar que el argentino es bien visto y siempre te reconocen por algo... por Maradona, por Messi, por el tango o por el vino; pero en este lugar no nos querían... de hecho nos pusieron hasta una custodia policial”, siguió relatando.
“Esa semana fuimos a hablar con la junta comunal (un ente autártico de las islas) y con las dos iglesias, la protestante y la católica. El cura católico nos invitó a comer y fuimos a una misa en la que recién ahí nos mezclamos con los isleños. Luego fuimos a un colegio pero no pudimos hacer contacto con ningún chico porque la junta había dado esa orden. Nosotros llevábamos casi 2.000 mensajes de chicos argentinos de colegios primarios que les habían escrito en inglés a los pibes isleños y después de mucho insistir nos aceptaron esa correspondencia, lo que para nosotros fue un gesto muy grande de unificación”, prosiguió.
“Unos días después nos mandaron a una vieja cancha en las afueras de Puerto Argentino, en un terreno pegado a un campo minado perfectamente señalado y ahí jugamos entre nosotros”, concluyó el ex pilar.
De Malvinas a Inglaterra. El viaje a las islas Malvinas había dejado un sabor agridulce en la boca a sus organizadores, pero toda esa experiencia sirvió de envión para un nuevo desafío. Bautista Segonds, fundador y presidente de Rugby Sin Fronteras, aseguró entonces que su sueño era “poder juntar a ex combatientes de ambos países”.
“El desafío era enorme, más teniendo en cuenta esa experiencia”, contó Pucciariello empezando a cerrar esta historia que parece tener un final feliz. Lo cierto es que se empezó a hacer un trabajo fino, de mucha gente (entre otros Felipe Contepomi, Rodrigo Roncero, Agustín Pichot, el veterano de la Paz Alejandro Diego y el propio Pucciariello) y la cosa empezó a tomar forma. “Hablamos con el Papa Francisco y empujamos hacia adelante. Los ingleses consultaron políticamente cómo veían esto y con el visto bueno también le dieron para adelante. A partir de ahí, todo lo malo que habíamos vivido en Malvinas se revirtió con una velocidad increíble, con una voluntad extraordinaria, a tal punto que tenemos más de cien ex combatientes confirmados al evento”.
El 21 de septiembre, en la cancha de Ritchmond, la misma gente que, por decirlo de alguna manera, se mató por intereses políticos de sus países se va a meter en una cancha de rugby para jugar. Lo harán todos mezclados y no habrá ni ganadores ni perdedores. Y será justo en el Día de Mundial de la Paz, dejando así en ridículo a una de las últimas guerras convencionales del siglo pasado.
































