Las Fuerzas Armadas cumplen funciones de apoyo a las decisiones que adopta el Estado afianzando su libre albedrío en el concierto de las naciones. Contribuyen al restablecimiento del orden ante emergencias o desastres naturales proporcionando apoyo y socorro a la población. Un militar posee más obligaciones que los demás ciudadanos. Además de las normas que rigen para el conjunto de la sociedad, sus leyes y reglamentos particulares lo constriñen. Su familia y él cambian de lugar de radicación cada tres o cuatro años sin cobrar desarraigo, como es el caso del sector legislativo, entre otros. Tampoco percibe horas extras, ni adicionales, y las ejercitaciones le insumen las 24 horas en los lugares de entrenamiento. Por ello, su función debería tener como contrapartida el beneficio de una retribución material que le permita vivir en forma austera pero digna, en actividad y retiro, en el nivel medio de la sociedad. Hoy un peón recién iniciado en los subterráneos, que cumple seis horas laborales, gana más que un capitán ($4.700 y $3.500 respectivamente) con quince años de servicio, con título universitario, que tiene bajo su responsabilidad la vida de sus hombres y cientos de miles de dólares de material del Estado.Ordenar jerárquicamente las estructuras y retribuir sus tareas en relación a la preparación académica y específica que estas requieren para el sostenimiento de la sociedad es tarea insoslayable del gobernante, que no puede desentenderse y permitir esas diferencias que subvalúan la función militar.



























