Candidatos testimoniales: a ver si entiendo, un funcionario votado para cumplir una determinada función, deja de cumplirla por un tiempo para postularse como candidato a otra, pero que luego de ser elegido renuncia a ese cargo para volver a la función que tenía y dejar en su lugar a otro que no fue votado. Maravilloso. Maquiavelo no lo hubiera pensado mejor. La mayoría de nosotros no tenemos claro cuándo ni para qué votamos, sólo nos quejamos y nos rasgamos las vestiduras en alguna que otra oportunidad para sentirnos liberados de responsabilidad, despotricando y culpando al político de turno. La mala noticia es que mal que nos pese, los responsables de que ellos sean culpables somos nosotros. Allí los pusimos para que nos representen y no hacen ni más ni menos que eso, representarnos. Son iguales a nosotros, sólo se concentran en su derrotero. Bastaría dedicar una hora y sólo una cada dos años, para meditar e informarnos sobre quiénes nos van a representar y administrar el futuro, sobre todo de nuestros hijos. La vida, la muerte, la salud y la enfermedad dependen directamente de sus acciones. Si nos va mal nos enfermamos, si nos va bien nos roban, nos matan. Si no reaccionamos es porque son iguales a nosotros. No son extraterrestres. Buenos y malos hay en todos los ámbitos y grupos. Arquitectos, amas de casa, patrones de estancia, obreros, médicos. Las excepciones sólo confirman la regla. Como sociedad hemos fracasado. Culpamos sistemáticamente a la vereda de enfrente, sin darnos cuenta que esto es lo que mejor hacen los políticos para desviar nuestra atención. Los vitoreamos y los hacemos redentores de nuestro propio fracaso. Los votamos una y otra vez. Son siempre los mismos. Para qué cambiarlos si son iguales a nosotros, cuando somos nosotros quienes tenemos que cambiar. Asumamos nuestro fracaso, reconozcamos lo que somos, meditemos cómo queremos ser y proyectemos nuevos paradigmas. Recobremos el respeto a Dios por el credo que fuera, a la vergüenza a la vida. Sin límites, el hombre es extremadamente peligroso. Dejemos de estafarnos, de castigar a nuestros hijos con un mundo aún peor. Comencemos por castigar con nuestro voto a los partidos políticos como instituciones y no a los individuos. De esta forma, los forzaremos a la renovación y depuración de sus filas. Participemos, en cualquier nivel e instancia, con mucho, con poco, una hora, un año una vida, por nuestros hijos, por el prestigio o por el bronce. Por lo que sea. Participemos.




































