Soy un ciudadano común, uno más como tantos miles, que hoy vemos y escuchamos horrorizados y avergonzados cómo se dirime la controversia sobre el Puerto de la Música. Escucho que el gobernador quiere sí o sí hacerlo y en el lugar por él elegido y que se podría hacer a cambio de la construcción de muelles e instalaciones con costos multimillonarios, amén del Puerto en sí. Escucho que el gobernador quiere "dejar" en las principales ciudades de la provincia el sello y recuerdo del gobierno socialista. En alguna ciudad, un gran hospital, en otra rutas de acceso, en otras.... En Rosario, con tantas necesidades de accesos, ampliación de calles, créditos accesibles para vivienda a gente que trabaja, seguridad, cloacas, pavimento y tantos otros realmente prioritarios vemos la pelea (porque es una pelea) por el Puerto de la Música. Y vuelvo a decir, como ciudadano común, ningún gobernante me consultó, ni a mí ni a nadie, si queríamos esa obra o pretendíamos otra. ¿Qué es el tan mentado Puerto? Alguien podría explicarle al rosarino común, al rosarino de los barrios, al rosarino que le tapan los baches con asfalto seco mezclado con tierra y lo apisonan con una chata vieja, al rosarino que vive con miedo encerrado en su casa y enrejado, que nunca podrá disfrutar de esta obra ni ir a pescar, por falta de seguridad. Al rosarino que vive reclamando por problemas de fácil solución y nadie escucha. Al rosarino que paga regularmente las altas TGI. El buen rosarino, el que siempre mantuvo la ciudad con su trabajo y aportes, quiere que se hagan obras necesarias realmente, que se lo consulte (no con el presupuesto participativo). Que el gobierno apoye a quienes trabajan y ayude a solucionar el problema de vivienda. Por la seguridad de todos los rosarinos que se instalen cámaras en toda la ciudad, como solucionó su gravísimo problema de seguridad la ciudad de Bogotá, Colombia, que con una policía entrenada, cámaras y sistemas de video ha solucionado en una gran parte este flagelo. Por eso Puerto de la Música, sí... Pero cuando tengamos todos los demás temas resueltos, señor gobernador. Su mejor obra sería que el pueblo lo recuerde porque solucionó todo lo antes mencionado. Las obras faraónicas suelen ser un boomerang que bien podríamos pensar se vuelven contra su gestor.



























