Antes de las elecciones sabíamos que no habría miseria destacable y sí habría pan en abundancia. Asimismo las reservas monetarias serían más que suficientes para soportar el chubasco financiero del mundo capitalista. El déficit energético era prácticamente desconocido. El costo de vida era soportable según las eternas mentiras del Indec. Un país entero resplandecía de carteles presidenciales anunciando infinitas obras públicas. Los planes asistenciales se repartían a destajo. El porvenir se presentaba venturoso. Hasta la decadente oposición pensaba desempeñar un magnífico rol en la contienda. Después de las elecciones que ratificaran al modelo populista, nos cubrió una larga noche polar sin abundancia de pan y con atisbo de hambre. Las decisiones legislativas en mayoría descubrieron que la reserva monetaria no es tan cuantiosa como aparentaba sino que hay mucho bono por medio. Hay deudas impostergables. Se apretó impositivamente como nunca. Hubo quita de los folclóricos subsidios. Se cerró el dogal sobre la compra y salida de billetes extranjeros (en el 2011 se fueron casi veintidós mil millones de dólares). Se incrementó el costo de los servicios públicos. Se evitó al máximo la importación de productos y tecnología. Se abrió la mano para que el Banco Central pague deudas con reservas monetarias y maneje a su antojo el excedente del PBI (acá se descarrilló el tranvía me parece). Este mes comienzan a pactarse las paritarias laborales. La UIA anticipó que no podrá otorgar grandes aumentos ya que la productividad ha caído pero la población salarial necesitará pagar el real incremento en el costo de vida (no el del Indec). Hasta la presidente carioca Dilma Rouseff manifestó que la inflación argentina es del 20 por ciento anual y ella no hará lo propio en su país. Los escarceos docentes van de mal en peor y las clases arrancaron dispersadamente. La increíble falta de comunicación entre la presidenta y el ejecutivo de la Caja facilita piquetes, cortes y toma de rutas (en Buenos Aires. Las medidas de fuerza atentatorias de la libertad en general aumentaron 51 por ciento). Nos van a quitar asiento en el G-20, estamos muy mal con el FMI que levantó su oficina en Buenos Aires. En septiembre les debemos informar el Indice de Precios al Consumidor. No hacerlo significa medidas punibles y pérdida de consenso en el resto de países. Roguemos y hagamos que la larga, oscura noche polar post eleccionaria desaparezca rápidamente.






























