En este nuevo aniversario, de actividad ininterrumpida de la Sociedad de Beneficencia de Rosario, no puedo dejar de admirar a esta institución fundada el 25 de junio de 1854 y expresar como ciudadana un profundo agradecimiento por las obras concretadas dentro del Hospital Provincial de Alem 1450 y Hospital Geriátrico Provincial de Ayolas 141. El Hospital Provincial nació como Hospital de Caridad y su objetivo primordial fue atender las necesidades de la población de escasos recursos. Sin embargo, los mejores médicos y cirujanos de la historia de la medicina rosarina del siglo XIX atendían en El Caridad, llegando a ser un referente en Latinoamérica. El Asilo de Ancianos, hoy Hospital Geriátrico, inaugurado en 1888, fue el primer establecimiento donde los abandonados y desposeídos tuvieron un hogar, con mayúscula. Sin descuidar las necesidades religioso-espirituales de los residentes y su entorno familiar y los vecinos del lugar, anexaron en ambos establecimientos sus respectivas capillas. Desde sus comienzos, en 1854, a la actualidad, la comisión de 21 señoras con Isolda Baraldi de presidenta, también con mayúscula, sus síndicos, sus contadoras y todo un equipo de profesionales calificados, atienden las necesidades y urgencias de los dos hospitales, las dos iglesias, un comedor comunitario, becas y pedidos de otras instituciones. Pero lo destacable: sin intereses políticos, ni económicos, apoyando el desarrollo de la salud de los ciudadanos gratuitamente. Las obras de remodelaciones y refacciones en los servicios y salas de ambos hospitales, con todos los recursos arquitectónicos de vanguardia, son permanentes. Moderno instrumental, equipamientos de alta tecnología y alta resolución se entregan año a año para mejorar la atención. El Centro de Estadía Transitorio, para pacientes que necesitan alojarse en su período de tratamiento oncológico, en la esquina de 1° de Mayo y Zeballos es otra muestra de que el lema institucional “La mano que da” no sería posible si este grupo de mujeres no trabajara organizadamente, con transparencia y sobre todo con profundo amor al prójimo. Que este accionar sirva como ejemplo y memoria de gestiones presentes y de las futuras generaciones. Esto me lleva a una frase de Confucio: “Elige un trabajo que ames y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”































