El 6 de diciembre pasado fui invitada por la directora de la Escuela Especial 2.013 para niños sordos e hipoacúsicos que funciona en Moreno 368 de esta ciudad. Yo ya me había acercado a ellos con la idea de darles una ayuda. Iba por las tardes cuando un grupo de chiquitos estaban dando clase y me tiraban besos con sus pequeñas manos que les alivian ese mundo de silencio. La fiesta se trataba de la ceremonia de fin de curso y la entrega de diplomas. Fue una sorpresa, había más de cien criaturas sordas que lógicamente no saben expresarse más con sus gestos. Eran casi todas familias humildes. No había allí nadie que pudiera disponer de más de veinte mil dólares que es lo que cuesta un implante coclear. La reunión fue de una triste alegría. Hubo entrega de diplomas, cambio de abanderados y todo culminó cuando al escuchar los primeros acordes del Himno Nacional, me pongo de pie y sin otro sonido que la música veo que toda esa concurrencia infantil "canta" nuestro himno exclusivamente con sus manitas. Espero que el mensaje de estas criaturas pueda llegar a Dios y haya gente que quiera ayudarlos donando audífonos o económicamente.
































