Cuando se aproxima otro 17 de agosto se ilumina nuevamente la figura del general San Martín, quien inmortalizara lugares como San Lorenzo, el campamento de Las Chacras en San Luis y el del Plumerillo en Mendoza. Lugares como Uspallata, Los Patos, Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú, Lima, Guayaquil y la cuyana región de Tunuyán, donde después de cruzar por octava y última vez la cordillera, el "Santo de la espada" se abrazó con quien fuera su oficial, el coronel Manuel de Olazábal, bajo el manzano que hoy es "monumento vegetal" según el decir de Carlos Vega Pereda. Ahora bien, en el combate de San Lorenzo, inicio de la epopeya independentista del entonces coronel San Martín, el personaje cumbre fue el granadero correntino Juan Bautista Cabral, oriundo de Saladas, mulato y esclavo. En torno a su heroico proceder los historiadores tienen diferencias. Mientras unos sostienen la versión más conocida según la cual Cabral liberó a su jefe, que se hallaba aprisionado por su caballo muerto por una bala de cañón, otros afirman que el soldado fue ametrallado por los realistas antes que llegara a rescatar a San Martín; y un tercer grupo dice que si bien fue herido, aún en esas condiciones Cabral logró auxiliar a su coronel. En cuanto al grado de sargento, casi todos coinciden en que fue un soldado raso que no recibió el título de sargento ni en vida ni post mórtem. En la carta dirigida por San Martín a la Asamblea del Año 13, elogia el valor del correntino, pero refiriéndose a él como "el granadero", no como el sargento. Sin embargo, para la historia, la poesía y las instituciones, el valeroso granadero lleva las jinetas de sargento. Felizmente ninguna versión histórica desestima el arrojo del soldado de Saladas. Sí pone en duda que haya pronunciado las célebres palabras "muero contento porque hemos batido al enemigo". Para algunos autores esa última y famosa expresión de Cabral fue construida por algún historiador que quiso agregar romanticismo a la heroicidad del granadero. Pero en esa carta enviada a la Asamblea del Año 13, El Libertador hace alusión a las conmovedoras palabras finales del "soldado heroico". Hay otras palabras sobre las que nadie tiene duda alguna, porque están inscriptas en la antología de la poesía argentina; son aquellas del mercedeño Carlos Alberto Castellán, quien como un homenaje a Cabral escribió: "raza de toro y yaguareté ¡más correntino que el yacaré!



























