Los aumentos del salario docente de las últimas décadas nunca alcanzaron un valor adquisitivo consecuente con su tiempo presente. Mientras otros gremios accedían a incrementos del 35 por ciento al 40 por ciento sobre un básico superior al de los docentes, de esta manera la brecha del sueldo de un maestro y el trabajador de otra actividad se acrecentó notablemente. El sueldo actual de un maestro de grado con el máximo de antigüedad, 30 años, es aproximadamente de 4.900 pesos. Salario testigo o salario castigo. El salario docente debe ser una cuestión de Estado nacional al igual que la instrucción pública. El docente instruye por igual al hijo de un empleado judicial, al cartonero, al albañil, aceitero, camionero, bancario, funcionario, artista, gráfico, periodista, a todo el arco gremial y profesional, a los hijos de padres de pensamiento de izquierda y a los de derecha. En zonas residenciales, urbanas, rurales y de riesgo social. Cuando el calor agobia, cuando hace frío intenso, con buen tiempo, con tormentas siempre está. A los hijos de los diputados nacionales que se aumentaron un 100 por ciento la dieta, peronistas, radicales, Proyecto Sur y Pro. La docencia dentro de los grados de jerarquías y valores es una profesión noble, fina y profunda. Restaurar el salario docente significa un básico de 6.500 pesos no para estar por encima de nadie, sino para estar iguales a un portuario o aceitero, camionero o recolector, ni más ni menos. La cuestión educativa no es simplemente una situación de más o menos días de clases, es de ingresos de conocimientos, una instrucción donde se anularon cargas horarias a las asignaturas como caligrafía, ortografía, urbanidad, educación democrática, instrucción cívica, música y a todo lo concerniente a la axiología. Desde los 90 con la imposición de la llamada aquí en Argentina ley federal, que es un programa difundido por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Flacso, fundada en 1958 en Ecuador a pedido de la Fundación Ford colateral de la CIA, para promover proyectos de sometimiento al tercer mundo. Los contenidos básicos de este programa les anularon el 65 por ciento de ingresos de conocimientos a los planes de estudio anteriores. Este mamarracho que contó con el apoyo de casi la totalidad de los seudos intelectuales de la pedagogía postergó a miles de estudiantes por su escaso rendimiento, su inclusión e ingreso a la universidad. Una ley que despreció a Dios, a la Patria y a la familia todavía hoy sobrevive nivelando hacia abajo y aún la realidad sigue su curso gobernada por poderes indirectos. La cuestión merece una reflexión masiva por parte de los docentes acompañando el reclamo justo por el salario y que nuestros dirigentes sindicales estén a la altura de las circunstancias y que no sean simples agentes del simulacro.




























