Es de suma importancia el desarrollo y adecuación de la ciudad a todos sus habitantes. Para ello, personas con serios conocimientos y aptitudes deberían construir lo nuevo y adecuar lo ya existente para que Rosario llegue a ser (alguna vez) la mejor ciudad para vivir. Y digo que deben ser las personas mejor preparadas las encargadas de hacer que nuestra ciudad integre a todas las personas. No por el hecho de estar familiarmente al lado del gobernador significa que estemos al lado de las personas con discapacidad para hacer más llevadera su vida. Es necesario contar con personal con la mejor preparación sobre la temática y la mente abierta, con actualización permanente ante las nuevas posibilidades. Ante la adecuación de la sala Lavardén se ha construido un salvaescaleras sobre la vereda de calle Mendoza. Pareciera una actitud loable, si no fuese porque al ayudar a las personas con discapacidad motriz, se ha generado un nuevo y permanente obstáculo para las personas ciegas. Existen diversos tipos de elementos para cumplir la misma función que no necesariamente ocupen un espacio en la acera, sobre la línea municipal, que es el punto de referencia de quienes padecen una disfunción visual. No necesariamente la solución para algunos debe ser un obstáculo para otros. Es de esperar que en algún momento no muy lejano los parientes de los funcionarios políticos den un paso al costado y permitan que las obras, al menos las accesibles, sean realizadas por personal idóneo. Esto llevaría a mejorar la calidad de vida de todos y a ahorrar dinero público que no nos sobra.



























