Tengo 93 años, los mejores de mi vida fueron como empleada del Hospital Provincial Marcelino Freire. En la década del 80'; a las 6 comenzaba con la limpieza de salas y galerías, a las 8, los distintos consultorios iniciaban su tarea diaria. Todos los pacientes eran atendidos en planta baja, se les daban números para la atención médica. En primer piso: cirugía; segundo, clínica, y tercero y último, habitaciones para las religiosas Congregación de origen alemán, recuerdo a la madre superiora sor Imelda Frank. Todas las mañanas se izaba en el mástil la bandera nacional y era lindo ver cómo algunos transeúntes respetaban este hermoso acto, estando a veces entre ellos soldados conscriptos que saludaban en posición de firmes. Realmente da pena ver en qué estado está el edificio y la atención ahora a los enfermos. Siento el mismo pesar que la señora María Cristina Grecco, en su carta a los lectores de este matutino del miércoles 13 de enero pasado.































