Hay pocas causas que generen tanta adhesión y tanto consenso entre los argentinos como el reclamo por la soberanía de las islas Malvinas. Pocos, como nuestros veteranos de guerra, generan tanta admiración entre la ciudadanía. Y esto nos dice muchas cosas, pero fundamentalmente nos dice que la causa de Malvinas está viva en el pueblo. El sentimiento de toda la sociedad hacia esta causa se debe también a que su lucha por la soberanía no se agotó en las islas sino que continuó y continúa hoy, luego de 28 años. Por eso y por no hacer patrioterismo ni militarismo, por honrar al ejército libertador de San Martín, por honrar las luchas de nuestro pueblo por la soberanía sobre su territorio, pero también por honrar las luchas de nuestro pueblo por su derecho a la salud, la educación, el trabajo, a la cultura y la justicia, por hacer, a través de su militancia social, de la causa de Malvinas, un eslabón más de la cadena de luchas de un pueblo que quiere ser independiente y soberano de
su territorio y de su destino; por todo ello entiendo que el actual gobierno provincial otorgó en 2008 a los ex combatientes la denominada pensión de honor. Pretender igualar el coraje, el heroísmo y las consecuencias que sufren hasta hoy día los ex combatientes a otras situaciones como el caso de los denominados “movilizados” (quienes estuvieron bajo bandera durante la guerra, pero no en la zona de conflicto), constituye en sí mismo un acto de menosprecio hacia sus personas, sus trayectorias y la causa que representan. Por ello no queda más que rechazar el lamentable intento de algunos senadores justicialistas de hacer politiquería e intentar juntar algunos votos tratando de equiparar a ex combatientes de una guerra con “movilizados” que jamás estuvieron en el campo de batalla.



























