Actualmente los deportistas habilidosos y conocidos generan impactantes negocios financieros:compraventa en millones de euros y contratos fabulosos de publicidad mundial, un universo de medios informáticos tras sus pasos exagerando actuaciones y creando expectativas, una troupe de intermediarios y punteros buscadores de estrellas, otra legión de entrenadores y técnicos tras el mismo objetivo, etcétera. Las aventuras, la forma de vida, sus relaciones con el espectáculo, las opiniones sobre temas que no entienden ni les interesan se agregan al folclore posteriormente y compiten con la real calidad específica del deportista. No digo que esté bien ni que esté mal. Son los tiempos que corren, todos respiramos el aire actual y lo aceptamos. No intento establecer polémica alguna tampoco. Sólo que se me adentró la nostalgia y quiero rendir homenaje a los deportistas de tablón y hacha de mi época: futbolistas que trabajaban de obreros durante el día, se entrenaban y jugaban en primera sin cobrar un mango o si los había eran muy, pero muy poquitos mangos. Corredores de autos que eran mecánicos, fresadores, rectificadores, chapistas que gastaban la plata ganada en el taller para prepararse una cupecita y salían a la ruta sin saber si llegaban a la próxima etapa. Había muy pocos patrocinadores, era todo blanco y negro y nos enterábamos por dónde andaban gracias al informativo deportivo de las radios a válvulas. Acá en Rosario había muchos locos lindos automovilistas. Uno famoso era Mario Chiozza, quien creó un auto bimotor con motores MercuryV8. La potencia era tan grande que no lo podían parar, pero cuando él quería parar tampoco podía y su destino usual era hundirse con auto y todo en el laguito del Parque Independencia. Acá también éramos fanáticos del automovilismo carretero nacional y de pista. Hasta llegó a correrse una edición de lo que ahora es Fórmula 1 Internacional donde participaron Fangio, González; italianos, franceses e ingleses como Villoresi, Farina, Jean Pierre Wimille. Los básquetbolistas eran empleados, obreros, puesteros del mercado y los partidos entre los clubes por un lugarcito en la tabla eran inmortales. Había un especialista rosarino en batir récords: Demófilo López. Batía récords de permanencia sobre patines, caminando, dando vueltas en auto. Vaya mi emocionado recuerdo y homenaje a todos los deportistas y pacíficas hinchadas de esa época, héroes ignotos e ignorados cuya única retribución era el honor, sea propio o de la institución que representaban.



































