Las pintadas con colores de los cuadros de fútbol ya son corrientes en la ciudad. En los últimos días han invadido muchos frentes de las casas de los vecinos del barrio Pichincha; esto además de molestar y enojar a la gente del barrio, no hace otra cosa que dar más motivos para que estas pintadas sigan una y otra vez. Cuando esta demostración invade la propiedad del otro pierde su sentido, pasa a ser un acto puramente animal de marcar territorio. Estas pintadas ya no manifiestan nada, simplemente son como un retruque infinito para querer comprobar cuál bando es más fuerte. Se ha perdido el querer defender la pasión que a uno lo enorgullece. Estoy totalmente a favor de la libre expresión y de la mayoría de los medios que nos faciliten hacerlo, como lo han hecho todos los grandes artistas de nuestra historia hasta hoy. El saber transmitir la pasión que a uno lo motiva, y además, movilizar al que piensa distinto es valioso y productivo para ambos; pero en este caso, no estoy de acuerdo con los modos de hacerlo. Cuando esta demostración invade la propiedad del otro pierde su sentido, pasa a ser un acto puramente animal, de marcar territorio; porque como ya dije, estos tipos actúan como animales, cosa que después se ve reflejada en violencia en las canchas. La libre expresión es siempre buena y lo festejo, siempre y cuando no se convierta en vandalismo.





























