Regresando de Buenos Aires en micro el 18 de setiembre pasado, a las 15, en la entrada a Rosario se sintió un violento estruendo: fue el estallido de uno de los cristales de la ventanilla por una piedra arrojada desde el exterior. Vidrios por todos lados, mucha impotencia, desesperación. Gracias a Dios sin heridos. Los choferes atentos y con preocupación vinieron rápido a ver qué nos había sucedido y nos dijeron que cerráramos las cortinas. Suelo viajar seguido y me pregunto qué pasaría si lo mismo le sucediera a un coche, ya que a veces viaja mi familia con mis nietos. Sería una tragedia. Por esto quisiera que las autoridades tomen medidas que protejan la seguridad vial para toda la ciudadanía.



























