La batería de cohetes y petardos que arrojaban quienes festejaban la derrota de
Newell’s retumbaba el domingo a la noche en un sector del barrio Funes R. de esa ciudad. En
el interior de su casa Inés Costa gritaba clamando por ayuda, pero nadie escuchaba sus alaridos. La
mujer y su marido estaban a merced de tres hombres que habían entrado en la propiedad. Tampoco
ladraban los dos perros que estaban en el jardín. Por eso los malhechores no tuvieron obstáculos
para desvalijar la vivienda y escapar en una camioneta de la pareja.
El vehículo fue hallado poco después por la policía, pero hasta anoche no habían
aparecido las alhajas y los electrónicos que se llevaron los maleantes.
Cerca de las 9 de la noche del domingo, un muchacho menudo y vestido con ropa
deportiva tocó el timbre de la casa de Pueyrredón 1315 bis, una cortada de tierra de tres cuadras
poblada de chalés en Funes. La casa tiene grandes dimensiones y un jardín delantero extenso. "¿Está
Martín?, preguntó el recién llegado a Inés. "No, acá no vive", respondió la mujer.
Sorpresa. Media hora después, el mismo joven reapareció. Desde una ventana, la
dueña de casa distinguió que era quien ya había atendido. Inés presumió que el visitante estaba
"perdido" y se lo comentó al marido, Carlos Venter, de 67 años. Entonces el hombre decidió salir a
la calle. No llegó muy lejos. Apenas atravesó el living, dos hombres jóvenes con revólveres se
abalanzaron sobre él y su esposa. El que había tocado el timbre escaló el portón de ingreso y se
introdujo en la casa. "Pegó un salto alucinante, como si fuera un payaso, traspasó el alambre de
púa", contó Inés.
"Nos empujaban adentro y yo los golpeaba para afuera", recordó la mujer a
LaCapital ayer. Cuando Inés vociferó pidiendo ayuda, un culatazo la derrumbó. "No grités hija de
puta", escuchó Inés con sangre brotando en la cabeza. A su marido lo llevaron a la habitación y lo
ataron. A ella la arrastraron y la encerraron en el baño.
Con datos. Los maleantes contaban con datos precisos. "Tenían un plano de la
casa en una hoja a cuadritos, con la dirección, el número de teléfono y el recorrido que tenían que
hacer para llegar. Además tenían anotados ilos nombres de mi marido y de mi hijo, y el mío en un
papel", explicó. Estimaban incluso que en la casa había una caja fuerte pero el dato era
equivocado.
Durante una hora los malhechores —vestidos con ropa oscura—
recorrieron todos los rincones de la propiedad, pero la caja fuerte no apareció.
Recogieron todas las alhajas que había en la propiedad, un televisor, teléfonos
inalámbricos, celulares, una computadora portátil, el control remoto para abrir el portón de
ingreso y el que activa la alarma, una guitarra y una chequera bancaria. Después caminaron hasta el
garaje, cargaron los objetos robados en una camioneta Honda CRV del matrimonio y se marcharon. Los
dos perros, un Dálmata y un Ovejero, ni mosquearon.
Adentro, Inés y su marido quedaron encerrados porque los asaltantes se llevaron
las llaves de la casa. Desde el teléfono fijo la mujer fijo se contactó con la policía para
denunciar el atraco.
Media hora después, los uniformados interceptaron la camioneta en el cruce de
Nicaragua y Mendoza, en Rosario. Una fuente policial indicó que en el vehículo iban dos muchachos
de 21 y 29 años, que Venter, según la mujer, no reconoció como los autores del atraco.