En varias oportunidades agradecí por este medio la colaboración recibida en el tiempo que tramité mi propia jubilación. Critiqué las fallas de la tecnología pero jamás a las personas que, desconocidas para mí, fueron responsables en sus funciones logrando que sorteara los numerosos obstáculos que se presentaron. Lamentablemente, en esta ocasión quiero expresar mi desprecio por esos empleados que empañan el prestigio de una institución. Estaba a mi disposición el "beneficio" que otorga la Caja Complementaria, a partir del 1º de abril del presente año en (001) Banco Nación Argentina, con domicilio en Córdoba 1026, entonces, allí fui. Acababa de caerse el sistema, así que deambulé media hora hasta que un empleado me indicó que debía dirigirme a la calle Santa Fe al 1200. En la nueva dirección me presenté en ventanilla, alcancé a decir que era docente jubilada y mientras intentaba mostrar la nota para recibir información, el empleado comenzó a gritar ordenándome que leyera yo, lo que después me enteré era el cronograma de pagos, y que no le hiciera ver a él lo que ya conocía. Realmente salí aturdida al punto de no recordar cuándo debía volver. Tomé fuerzas y regresé con la mejor onda. Otro empleado, tal vez mejor atención, pensé, pero vaya mi suerte llegué un día después del correspondiente al número de documento. Otra vez la actuación y a continuación los gritos del señor que se mofaba de la docente que no sabía leer. Le pedí su nombre mientras la impotencia ante tanta vulgaridad cargaba mi presión arterial. Lista para anotar decidió autorizar el pago con el agregado "para que pueda irse de vacaciones". Recibo en mano, las compañeras de cola me indicaron que faltaba la autorización, presentación de documento y firma delante del empleado, que como no era otro que el primer "servidor" aceptó en silencio una firma temblorosa más parecida a un mamarracho. Finalmente, una cajera con mucha amabilidad me entregó el importe. Pregunto, ¿quién permite que estos individuos que no brindan servicio y alardean mostrando sus miserias humanas, dejando inmovilizados a los circunstanciales espectadores del maltrato, sigan estando? ¿qué más podemos esperar los jubilados? Me consuelo pensando que yo podré "aprender" a leer pero ellos seguirán siendo "analfabetos existenciales".


































